Por Dr. Eduardo Moreyra
Jefe del Servicio de Cardiología
Sanatorio Allende – Córdoba

El infarto agudo de miocardio, comúnmente llamado “ataque cardíaco”, ocurre cuando alguno de los vasos sanguíneos que irrigan al corazón se obstruye impidiendo la llegada de sangre oxigenada.  Cuando este proceso se extiende por más de 20 minutos, las fibras musculares comienzan a morir produciéndose un debilitamiento de la capacidad contráctil del corazón y el riesgo de que ocurran arritmias que pueden ser fatales.

¿Por qué ocurren?
La mayoría de los infartos ocurren en individuos que a lo largo de los años han desarrollado placas ateroscleróticas en las paredes de sus arterias coronarias. Estas placas son un cúmulo de material lipídico e inflamatorio que progresa lentamente como resultado de múltiples factores de riesgo que incluyen: el tabaquismo, hipertensión arterial, niveles elevados de colesterol, diabetes, sedentarismo y predisposición hereditaria.

El infarto ocurre cuando en forma impredecible éstas placas sufren fisuras o rupturas exponiendo el material lipídico e inflamatorio a la circulación sanguínea. La sangre reacciona a este material generando un coágulo que bloquea completamente la circulación de sangre en la arteria coronaria involucrada.

¿Cuáles son los síntomas?
El síntoma más común es el dolor opresivo en el centro del pecho. Muchas veces se irradia al hombro y brazo izquierdos y/o a la mandíbula. Otros síntomas comúnmente asociados son falta de aire, nauseas y sudoración.

Es importante tener en cuenta que el dolor de pecho no está presente en todos los infartos. Algunos pacientes experimentan sólo falta de aire, sudoración, o sensación de desasosiego lo que dificulta su identificación.

El tiempo transcurrido entre la iniciación de los síntomas y el tratamiento tiene un importante impacto en el pronóstico y puede hacer la diferencia entre la vida y la muerte. Por lo tanto ante la sospecha de un ataque cardíaco es imprescindible llamar al servicio de emergencias o acudir al hospital más cercano lo antes posible.

¿Cuáles son las opciones terapéuticas?
Si bien todo paciente con un infarto debe recibir agentes antiplaquetarios como la aspirina, anticoagulantes y vasodilatadores coronarios, la principal meta es restaurar el flujo coronario en la arteria ocluída en el menor tiempo posible.  Esto puede lograrse farmacológicamente, mediante la administración de trombolíticos que tienen la capacidad de disolver el coagulo o mecánicamente, abriendo la obstrucción mediante una angioplastia y la colocación de un stent (angioplastia primaria). 

La angioplastia primaria es un procedimiento invasivo en el cual mediante el uso de pequeños balones montados sobre el extremo de un catéter se puede desobstruir la oclusión. Seguido de esto se coloca el stent que es un pequeño tubo de malla metálica que mantiene la coronaria abierta.

Existe abundante evidencia de que la angioplastia primaria es más efectiva que los trombolíticos debido a que logra restaurar el flujo en un 95% de los casos -comparado con un 60% del otro procedimiento-.  El inconveniente es que son pocos los hospitales que tienen la infraestructura y el personal médico con la experiencia necesaria para realizar angioplastias primarias en forma rápida y eficiente.