Un subestudio del Registro Argentino de Angioplastia Coronaria (RAdAC) habla de una tasa de éxitos del 93,1%, con una mortalidad global del 3.1%, valores similares a los registrados en los países desarrollados.

El tratamiento del infarto en nuestro país mediante la realización de angioplastias transluminales coronarias (ATC) alcanzó una buena performance según los ‘Resultados intrahospitalarios en pacientes con infarto agudo de miocardio tratados con angioplastia”, un subestudio del Registro Argentino de Angioplastia Coronaria (RAdAC).

Según este estudio, tomando los 752 pacientes con infarto que ingresaron durante el período comprendido entre mayo y noviembre de 2010 en 67 centros asistenciales con servicio de hemodinamia de urgencia, se evidenció un éxito primario del 93.1%, con una mortalidad global del 3.2%. De estos últimos, el 50% ingresó al centro hospitalario con lo que se denomina ‘shock cardiogénico’, una condición de alto riesgo con muy mal pronóstico.

“Estos valores evidencian que nuestro país se encuentra al nivel de los países desarrollados en cuanto a los resultados obtenidos en la realización de angioplastias, un procedimiento que cada vez gana más adeptos y que está creciendo en todo el mundo”, manifestó Ernesto Torresani, presidente del Colegio Argentino de Cardioangiólogos Intervencionistas (Caci).

“Lamentablemente, se estima que más de un tercio de los pacientes con infarto agudo de miocardio fallecen sin siquiera llegar a recibir atención médica”, manifestó Arturo Fernández Murga, cardiangiólogo y vicepresidente del Caci, quien detalló que “muchas veces no se reconocen los síntomas como verdadera señal de peligro, o no se los comparte con la gente que nos rodea, y finalmente no se toma a tiempo la decisión de llamar a emergencias o pedir que lo trasladen al servicio de guardia más cercano. Por eso llevamos adelante este sondeo para recopilar información que nos pudiese ayudar a crear más conciencia sobre los riesgos del infarto y que más gente esté atenta a los primeros síntomas y a las principales acciones que deben tomar”.

Participaron del sondeo en forma anónima 78 pacientes de centros médicos de todo el país que habían sido internados por infarto de miocardio durante los meses de julio, agosto y septiembre de 2012. La edad promedio fue de 60.1 años, un 74% fueron hombres y el 26% correspondió al sexo femenino. El relevamiento mostró que los principales síntomas fueron: dolor en el pecho (43%), sudoración (12%), falta de aire (11%), dolor en brazo izquierdo (9%) o en ambos brazos (7%), y dolor en el cuello y en la mandíbula (5%). Sin embargo, pese a la presencia de los síntomas, uno de cada diez (12%) ni siquiera sospechó que podría tratarse de un infarto.

Consultados sobre cuál fue la actitud que tomaron frente a los primeros síntomas, el 76% de los encuestados manifestó haber concurrido a una guardia o llamado a la ambulancia. Cuando se evaluó el tiempo que demoraron desde el inicio de los síntomas hasta tomar la decisión de concurrir a la guardia o llamar a emergencias, sólo uno de cada dos (48%) lo hizo en menos de una hora, mientras que el 38% demoró entre 1 y 3 horas y el 14%, 3 horas o más. En aquellos que llamaron a la ambulancia, sólo 1 de cada 3 (32%) tuvo la fortuna de recibirla en menos de 20 minutos, el 56% debió esperar entre 20 y 40 minutos y el 12% más de 40’ (8% entre 40 minutos y una hora y 4% más de una hora).

El infarto agudo de miocardio es una de las principales causas de muerte en la Argentina; se trata de una obstrucción en una arteria coronaria que impide el paso de sangre y oxígeno al corazón, lo que puede culminar en muerte del músculo cardíaco y deceso del paciente. El objetivo es restablecer el paso de sangre, ya sea mediante angioplastia, un procedimiento que introduce un catéter en la arteria para liberar la obstrucción, o con fibrinolíticos, que es una medicación que licúa el trombo producido.

“Está demostrado que la probabilidad de sobrevida es mayor si el paciente es derivado a un centro que cuente con la posibilidad de hacer una angioplastia de urgencia”, declaró Alejandro Cherro, médico cardioangiólogo y miembro del Caci. “Si no es posible realizar una angioplastia como primera opción, se debe dar medicación trombolítica por vía endovenosa para disolver el coágulo que obstruye la arteria coronaria y trasladar al paciente para como mínimo hacerle una coronariografía, o en el caso de que la medicación no haya logrado abrir la arteria coronaria, una angioplastia con colocación de stent en el menor tiempo posible, procedimiento denominado ‘angioplastia de rescate’, insistió José Álvarez, médico cardioangiólogo, también miembro del Caci.

Finalmente, se les preguntó a los pacientes qué consideran que debieron haber hecho para evitar llegar al infarto, a lo que respondieron “llevar una vida más saludable” el 46%, no fumar (22%), y haber concurrido más temprano al servicio de guardia (28%).

                                                            

Fuente: Castropol Comunicaciones.