Por: Marcos A.
Immunonutrition Group – Department of Metabolism and Nutrition
ICTAN – National Research Council (CSIC) – Spain

La relación existente entre el estado nutricional de una persona y su resistencia a padecer infecciones es un hecho ya conocido desde hace tiempo. Sin embargo, es mucho más reciente el descubrimiento de algunos de los mecanismos que pueden explicar el papel de los nutrientes en la función inmune.

Los resultados epidemiológicos y clínicos sugieren que cualquier deficiencia nutricional altera la inmunocompetencia e incrementa la susceptibilidad a padecer infecciones, de modo que cualquier alteración en las defensas del individuo puede hacer sospechar la existencia de una situación de malnutrición -de mayor o menor gravedad- o de algún tipo de deficiencia nutricional.

El hecho de que el sistema inmune dependa de la disponibilidad de nutrientes se puede explicar por dos motivos:

  • la necesidad de sintetizar nuevas moléculas durante el desarrollo de las respuestas inmunes (por ejemplo, los aminoácidos son necesarios para la síntesis de proteínas de fase aguda).
  • su utilización en los fenómenos de división y diferenciación celular que ocurren durante la expansión clonal que da lugar al ejército de células que atacan y eliminan el patógeno invaso.

No obstante, hay que tener en cuenta que los nutrientes no sólo influyen sobre los mecanismos encargados de defender a nuestro organismo de los patógenos que causan las enfermedades infecciosas, sino que otras funciones en las que está implicado el sistema inmune, pueden alterarse por desequilibrios en los niveles de nutrientes o causas relacionadas con la nutrición. Entre dichas funciones se incluyen:

  1. el mantenimiento de la homeostasis inmunológica o retorno al equilibrio tras las respuestas disparadas por las células inmunes.
  2. la comunicación bidireccional que normalmente se establece con los sistemas nervioso y endocrino a través de los neurotransmisores y hormonas.
  3. el fenómeno de la tolerancia hacia lo propio, gracias al cual, el sistema inmune no reacciona frente a las células del propio organismo.

Un desequilibrio en alguna de estas funciones del sistema inmune puede ocasionar situaciones patológicas como las alergias, enfermedades autoinmunes, inflamaciones crónicas, etc.

El momento cronológico en que se puede decir que arranca este campo de investigación coincidiría con la publicación de dos monografías que establecieron las nociones básicas de las interacciones entre nutrición e infección. En ellas se señalaba cómo estudios longitudinales poblacionales mostraban que la interacción entre malnutrición e infección aumentaba la tasa de mortalidad por encima de lo que sería consecuencia de ambas por separado.

La monografía de la Organización Mundial de la Salud establecía los mecanismos por los que las infecciones empeoran el estado nutricional. Posteriormente se han ido identificando mecanismos por los que la deficiencia de nutrientes tiene un impacto en los diversos aspectos de los mecanismos de defensa inmunológica aumentando la frecuencia y severidad de las infecciones.

En la actualidad, las interacciones específicas entre nutrición e inmunidad se estudian en el contexto de cada patología en particular, hoy día aún sigue siendo relevante el estado nutricional para enfrentarse a infecciones como puede ser el caso de la tuberculosis afectando a pacientes de SIDA, e influye también en el curso de muchas patologías no infecciosas.