Adultos mayores
El grupo de los adultos mayores es uno de los más heterogéneos y vulnerables a sufrir alteraciones nutricionales. Su alimentación y su estado nutricional tienen gran influencia en la prevención y tratamiento de algunas enfermedades.

Por: Dra. Liseti Solano R 
Instituto de Investigaciones en Nutrición
Universidad de Carabobo – Venezuela

Está bien definido que las necesidades de algunos nutrientes se incrementan con la edad y que, debido al deterioro progresivo de casi todas las funciones biológicas, presentan menor capacidad para regular todos los procesos relacionados con la ingesta de alimentos. Adicionalmente, los cambios físicos, psíquicos y sociales, así como las enfermedades crónicas que los afectan, hacen que los adultos mayores sean altamente susceptibles a malnutrición, tanto en déficit, como por exceso.

Los factores de riesgo que pueden afectar el estado nutricional incluyen cambios:

  • en la composición corporal
  • sensoriales (gusto, olfato, vista, audición y temperatura)
  • en la masticación (mala dentadura, sequedad de mucosa oral)
  • en la digestión y absorción de nutrientes
  • metabólicos
  • neurológicos
  • cardiovasculares
  • renales
  • inmunes

Además, se presenta disminución de actividad física, enfermedades concomitantes, múltiples medicaciones, abandono de la vida laboral, depresión, apatía, abandono familiar y consumo de alcohol, entre otros. Por ello, la evaluación del adulto mayor debe ser exhaustiva, a fin de identificar todos aquellos factores que pueden favorecer la fragilidad del anciano y su deterioro de calidad de vida.

Un aspecto importante en los ancianos, son las ingestas de energía y nutrientes recomendadas por su variabilidad, ya que a medida que se avanza en la vejez, son más complejos los requerimientos y deben ajustarse a los cambios antes mencionados.

Se ha sugerido que el adulto mayor debe utilizar suplementos de vitaminas y minerales; pero el tipo y cantidad debe ser considerado con cuidado. Por ejemplo, el exceso de vitamina A puede aumentar el riesgo de fracturas de cadera, el de hierro puede favorecer hemocromatosis, elevadas dosis de zinc pueden afectar el estado del Cobre y dañar la respuesta inmune y el exceso de folatos puede enmascarar ciertos síntomas de deficiencia de vitamina B12.

Ante esta evidencia, se plantean recomendaciones nutricionales tales como la alimentación bajo pautas dietéticas personalizadas, en las cuales se asegure una buena disponibilidad de nutrientes, preparaciones agradables y un entorno acogedor que permitan la cobertura de necesidades específicas nutricionales y médicas en todo lugar y momento.

El grupo de adultos mayores y su familia o cuidadores, al igual que cualquier otro grupo de población, debe recibir educación nutricional. Se debe favorecer el disfrute de la alimentación, comer acompañado, aumentar las relaciones sociales con base en las comidas, evitar la soledad, así como promocionar el aumento controlado de la actividad física.