Por: Dra. Roxana Valdés Ramos
Centro de Investigación y Estudios Avanzados en Ciencias de la Salud
Universidad Autónoma del Estado de México

La gestación implica una modificación del sistema inmunitario que permite el crecimiento del feto. El sistema inmune puede actuar como un cuerpo extraño y permitir el ingreso de agentes infecciosos y dañinos, tanto para la madre como para el hijo.

El período de lactancia ayuda a continuar la transferencia de factores de protección inmunitaria de la madre al bebé y a evitar infecciones en ambos. Es bien sabido que el calostro -que se produce durante los primeros días de lactancia- transfiere inmunoglobulinas de diferentes tipos dirigidas a antígenos presentes en el medio ambiente materno,  así como células y diversas proteínas como la lisozima, entre otros.

Por su parte, la leche que se produce posteriormente continúa dicha transferencia, aunque en concentraciones menores. De tal forma que ambos tipos de alimento actúan para proteger al infante en los primeros meses, durante los cuales él mismo comienza a desarrollar su capacidad de defensa inmunitaria.