Se publicaron guías argentinas para el diagnóstico y el tratamiento de la urticaria crónica, un trabajo conjunto de la Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC) y la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD).

La urticaria fue descripta por primera vez por Hipócrates (460-377 a.C.) cuando se habló de ‘unas lesiones en la piel producidas por ortigas y mosquitos’. Si bien existen muchas teorías sobre sus causas, ninguna ha sido establecida de modo concluyente. Las más sólidas se refieren a problemas de inmunidad, endócrinos, infecciones crónicas, situaciones estresantes y otras. La realidad es que puede llegar a ser discapacitante, y motivo de consulta permanente en los departamentos de emergencia médica y consultorios de los clínicos generales, pediatras, dermatólogos y alergólogos.

Hoy la urticaria crónica es una afección que padecerá al menos el 20% de la población en algún momento de su vida y que suele manifestarse con ronchas rojas en la piel, acompañada de picazón, hinchazón e inclusive dolor.

La lesión de urticaria se caracteriza por una elevación de la piel (roncha), con coloración enrojecida y de tamaño y forma variables, y que pica. La forma crónica suele ser más común entre la tercera y la sexta década de vida, con un pico a los 40 años, fundamentalmente entre las mujeres, probablemente debido a que del 35 al 40 por ciento tiene origen autoinmune, enfermedades de mayor prevalencia en mujeres. Afecta en forma considerable la calidad de vida de quien la padece, produciendo insatisfacción, ansiedad, pérdida de la autoestima, depresión, trastornos del sueño, incapacidad para el desarrollo de tareas productivas y/o educativas, con su correspondiente impacto en los denominados ‘costos intangibles’ de las enfermedades crónicas.

La Asociación Argentina de Alergia e Inmunología Clínica (AAAeIC) y la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD), en pleno marco del 37° Congreso Anual de la AAAeIC, presentaron la primera Guía Argentina para la Detección y el Tratamiento de la Urticaria Crónica.

Jorge Máspero, médico especialista en alergia e inmunología y uno de los autores del trabajo, consignó: “Uno de los principales objetivos que impulsaron la elaboración de la Guía, es que tanto la urticaria crónica como el angioedema son en muchos casos tratados como reacciones alérgicas que a priori se consideran auto limitadas en el tiempo, pero cuando esto no ocurre frecuentemente se las sigue tratando del mismo modo con malos resultados en cuanto a eficacia y peores en cuanto a los efectos colaterales. Nos propusimos ayudar a revertir esta situación a través de una guía que actualice estos conocimientos y su manejo con la meta de lograr un mejor enfoque en el cuidado de los pacientes”.

“El tratamiento de la urticaria crónica se puede dividir en tres enfoques: evitación de la causa de la urticaria, eliminación o tratamiento del estímulo desencadenante (cuando se conoce), y terapia farmacológica. Respecto de esta última, los antihistamínicos de segunda generación (no sedativos) son la piedra angular del tratamiento medicamentoso; sin embargo, un 40 por ciento de los pacientes con urticaria crónica no logra un buen control con este tipo de fármacos, y requiere otras alternativas para manejar su enfermedad, como por ejemplo pasar a la segunda línea ampliando la dosis estándar hasta el cuádruple”, destacó Máspero, quien también es director médico de la Fundación CIDEA.

No obstante, un número sustancial de estos pacientes no respondedores sigue sin revertir el cuadro o presenta efectos adversos que los obliga a discontinuar la terapia. Para este grupo de pacientes, la Guía, en línea con trabajos similares de países centrales, indica la utilización como tercera línea de tratamiento basada en tres distintos grupos de medicamentos.

Es importante destacar que en todo tratamiento de urticaria crónica se deben evitar los posibles desencadenantes o agravantes inespecíficos como el calor, el estrés, el alcohol y algunos fármacos como el ácido acetilsalicílico y otros analgésicos no esteroides (AINES), o la codeína.

Para Alfredo Mayol, a cargo del área de Derechos del Paciente de la Asociación Civil Ayuda al Paciente Crítico (APAC), “esta guía representa una gran ayuda para orientar a los pacientes y a los propios médicos respecto de los principales síntomas y los tratamientos más recomendados para todos aquellas personas que viven con Urticaria Crónica”.

“Desde APAC acompañamos con información y asesoramiento constante a todos los pacientes con urticaria crónica, apoyándolos para que lleven a cabo sus terapias de acuerdo a lo indicado por el médico tratante, ya que se trata de una enfermedad que sin lugar a dudas afecta considerablemente la calidad de vida de estos pacientes y de todo su grupo familiar”, subrayó Mayol.

En cuanto a la calidad de vida de los pacientes con urticaria crónica, existe una amplia gama de factores que los afectan debido a su patología: un trabajo de O’Donnel y colaboradores concluyó que ante la pregunta ‘¿Cuál es el peor aspecto de su urticaria?’, los pacientes respondieron angioedema (59%), prurito (42%), dolor (22%), cansancio, irritabilidad, debilidad o sensación de pérdida de control de su vida (22%), imprevisibilidad de los episodios (20%), restricciones sociales (18%) y vergüenza (13%), entre otras.
“La urticaria crónica afecta en forma extraordinaria la calidad de vida de las personas, su sueño, su apariencia y su capacidad laboral y escolar, no es una afección con riego de vida pero puede durar muchos años y nadie merece vivir mal cuando existen los medios diagnósticos y terapéuticos para evitarlo”, completó Máspero.

 

Fuente: Castropol Comunicaciones