Diez minutos diarios de sol moderado hacen que el organismo sintetice vitamina D

La pregunta, desde luego, es cómo. Los riesgos son conocidos, pero la incidencia del cáncer de piel por causa del sol aumenta y nunca está de más ahondar en los cuidados necesarios para una actividad que a muchos les resulta placentera y hasta es símbolo del verano.

Una de las grandes incógnitas que aflige a muchos en el verano es cómo aprovechar los beneficios del sol sin generar problemas para la salud. “El bronceado no es una actividad saludable”, advierten los especialistas, debido al daño que provocan las radiaciones en las células y a la posibilidad de desarrollar cáncer de piel.

La época suele estar emparentada con una actividad que resulta placentera: tomar sol. Así, es muy común ver a quienes alargan hasta finales de la temporada extensas sesiones de bronceado, al borde de la pileta, en la playa o en el jardín de casa. Algunos dirán que es realmente saludable y otros remarcarán los riesgos que esto implica. Por eso, casi obligada, surge la pregunta: ¿Se puede tomar sol sin riesgos para la salud?

Los especialistas aseguran que es posible, pero adoptando a rajatabla una serie de precauciones y cumpliendo ciertas reglas. Todas ellas apuntan a un mismo objetivo: no dañar las células de la piel y evitar bajo todo punto de vista el cáncer de piel, considerado como el más común de todos los cánceres en aquellas personas de raza blanca.

“No está mal cierta exposición al sol. Pero sí está muy mal hacerlo en forma indebida”, afirmó Martín Moreno, miembro de la Sociedad Argentina de Dermatología (SAD). Y agregó: “El bronceado, en realidad, no es una actividad saludable. Los rayos ultravioletas provocan daños acumulativos en las células de la piel, que se defiende bronceándose. Pero esta defensa es insuficiente y los rayos penetran igual. Esto genera una serie de consecuencias para la salud a lo largo del tiempo”.

¿Qué hacer entonces? ¿Ni siquiera asomarse afuera cuando calienta el sol? Para los expertos, hay recomendaciones que permiten disfrutar del sol sin riesgos. O al menos minimizando en forma importante esos riesgos. “No hay que exponerse al sol entre las 10 y las 16 hs. En ese horario, las radiaciones son más altas que en otros momentos del día. Cuando uno se expone a los rayos del sol, debe usar protector solar con factor de protección (FPS) 30 o superior. Y en los casos de aquellas personas de piel sensible o clara, el FPS debe ser de 50”, advirtió Moreno.

Sobre el uso del protector solar, Moreno resaltó que “hay que aplicarlo media hora antes de la exposición al sol y renovarlo cada dos horas. En los días nublados, también hay que hacer lo mismo, porque las radiaciones solares atraviesan las nubes y pueden provocar daños en la piel aunque no nos parezca. Los menores de un año directamente no deben ser expuestos al sol, porque su piel no está preparada”.

Exceso de sol: cáncer de piel

Los dermatólogos advierten que la exposición al sol en forma inadecuada y prolongada en el tiempo pueden ser sinónimos de cáncer de piel. Aquí hay algunas diferenciaciones básicas. El más frecuente es el carcinoma basocelular, relacionado con la exposición crónica a lo largo de los años. Este tipo de cáncer generalmente se desarrolla en cuello, cara y zonas de alta exposición al sol. Suele tener comportamiento local y con cirugía es curable en la gran mayoría de los casos.

Otro tipo es el carcinoma espinocelular, también relacionado con la exposición al sol, pero con características de una lesión más áspera, que no cicatriza, por ejemplo en labios u orejas, Tiende a ser localizado, pero a diferencia del anterior puede, en ciertos casos, extenderse. También se trata con cirugía.

Y el más peligroso es el melanoma. Aparece como una mancha cosmética, frecuentemente en las piernas en las mujeres y en la espalda en los hombres, aunque también puede estar presente en otros lugares del cuerpo. Su comportamiento es mucho más rápido y agresivo.

Los principales factores de riesgo para desarrollar melanoma son el fenotipo caucásico (ser de piel clara, con cabellos rubios o pelirrojos y ojos claros), la edad y el sexo (adultos mayores, con un ligero predominio por el sexo masculino) y antecedentes familiares de melanoma o historia personal de otros cánceres cutáneos (como los anteriores, carcinoma basocelular y carcinoma espinocelular). También hay que tener en cuenta antecedentes de quemaduras solares (durante la niñez y adolescencia) o el uso frecuente de camas solares (algo completamente desaconsejado por los especialistas).

Fernando Stengel, jefe del Servicio de Dermatología del Centro de Educación Médica e Investigaciones Clínicas (CEMIC), señaló con respecto al melanoma metastásico: “Es la forma más grave de la enfermedad, y ocurre cuando el cáncer se extiende desde la superficie de la piel hasta alcanzar otros órganos, como los nódulos linfáticos, los pulmones, el cerebro u otras áreas del cuerpo. Algunas células malignas son capaces de evadir la vigilancia del sistema inmunológico, permitiendo así la proliferación de tumores”.

En definitiva, exponerse al sol es posible pero en forma moderada, tomando todos los recaudos, respetando los horarios permitidos, utilizando protector solar, y asistiendo a la consulta periódica con el especialista.

Fuente: Castropol Comunicaciones