La disforia premenstrual (TDPM) es un trastorno que afecta aproximadamente al 5% de las mujeres en edad fértil y que no hace diferencias socioeconómicas, geográficas, étnicas o culturales.

Los síntomas más característicos son: irritabilidad, enojo fácil, depresión, labilidad afectiva, ansiedad, fatiga y apetencia por carbohidratos y dulces en general.

Hasta aquí, se trata de situaciones comunes a casi todas las mujeres durante esos días. Pero quienes padecen disforia premenstrual suman enfado o aumento de conflictos interpersonales, pérdida de interés en las actividades cotidianas, dificultad para concentrarse, hipersomnia o insomnio, sensación de agobio, de estar rebasada o fuera de control.

Además, se manifiestan otros síntomas físicos como: hipersensibilidad o aumento de tamaño de los senos, cefalea, molestias articulares, hinchazón, aumento de peso, y dolores articulares.

“Esto interfiere con el trabajo, la escuela, las actividades cotidianas o las relaciones interpersonales. Éstas mujeres deben ser tratadas para no echar todo a perder”, dice el psiquiatra Sergio Czerwonco, coordinador de la Unidad de Docencia del Curso de Especialista de Médico Psiquiatra de la Universidad Maimónides de Buenos Aires, y miembro del Instituto Kremer de Neuropsiquiatría y Medicina avanzada de Córdoba.

El especialista agrega que, en general, los síntomas aparecen cerca de la ovulación o durante las dos semanas previas a la menstruación, y finalizan por completo una semana después del inicio de la menstruación, lo que permite deducir que la mujer se ve afectada durante gran porcentaje del mes.

Para prestar atención. Si bien la disforia premenstrual puede empezar en la menarquía (primera menstruación), su prevalencia se encuentra entre la tercera y la cuarta década de la vida, con tendencia a permanecer hasta la menopausia.

“Se ha reportado que la sintomatología comienza o se agrava luego de los partos, con la edad, al comenzar o suspender anticonceptivos orales, o luego de someterse a la ligadura de las trompas”, explica Czerwonco.

Por otra parte, no se ha logrado precisar la etiología de esta molestia, pero existen varias hipótesis hormonales, cerebrales, biológicas y hasta culturales.

Cómo ayudarlas. Czerwonco afirma que luego de un estudio realizado con mujeres que padecen éste trastorno, las pacientes mostraron una sensible mejoría tras el primer ciclo menstrual al ser tratadas con dieta, ejercicio físico y entrenamiento especializado de relajación y manejo del estrés.

Según el estudio mencionado, el ejercicio -que aumenta endorfinas- está significativamente relacionado con la mejoría de síntomas físicos como antojos, irritabilidad, ansiedad, ánimo y concentración.

“Otras pacientes suelen beneficiarse con éstas medidas generales asociadas a terapias farmacológicas sintomáticas, como el uso de antiinflamatorios, piridoxina, bromocriptina o espironolactona durante el período sintomático”, afirma el especialista.