La preocupación constante y el exceso de responsabilidad son muy comunes en el mundo actual. Sin embargo, detrás de ellos puede estar gestándose un trastorno de ansiedad generalizada.

La mayoría de la gente considera que estos comportamientos son normales en la época y consulta a un profesional cuando ya el trastorno se encuentra bastante avanzado.

Marina Sinaí, psicóloga de la Universidad de Buenos Aires, y miembro del equipo de Hémera (una institución dedicada al tratamiento de los problemas que provocan la ansiedad y el estrés patológicos en los distintos ciclos de la vida) destaca la importancia de reconocer la diferencia entre ser responsable y vivir permanentemente preocupado.

 “Ser responsable y vivir preocupado no son sinónimos; cuando la responsabilidad es muy alta y vivimos preocupados por todo, esa exigencia interna puede estar ocultando un trastorno de ansiedad”, explica. 

La especialista afirma que la sociedad actual propone valora mucho la responsabilidad y la propone como un prototipo a alcanzar. “Una persona es muy responsable si siempre está corriendo para cumplir con todo: el trabajo, la casa, los niños, los estudios, etc. También si siempre está pensando y preocupándose por los demás”, dice.

Según Sanaí, este rasgo sumado al contexto actual es lo que produce una consulta tardía. “Cuando el paciente consulta, llega con síntomas de ansiedad ya bastante avanzados y al borde del ataque de pánico, ya que los mismos pueden pasar desapercibidos bajo el manto de esta personalidad absolutamente aceptada”, afirma.

Las personas que padecen el trastorno de ansiedad son autoexigentes al extremo y no se permiten el error. Sus preocupaciones resultan casi siempre improductivas y sin un “término medio” posible para su resolución.

En cuanto a las consecuencias para el organismo, se acelera la frecuencia cardiaca y el ritmo de la respiración va en aumento. Las personas se sienten nerviosas, ansiosas, angustiadas y abrumadas.

Por su parte, la mente comienza a idear respuestas de ataque o huida, ante situaciones que se comprenden como peligrosas o amenazantes.

Frente a esta situación, el tratamiento psicoterapéutico se enfoca en la evaluación de los riesgos que son magnificados y distorsionados por el trastorno. Se busca que el paciente incorpore nuevas herramientas que le permitan ordenar y organizar sus actividades y compromisos sin vivirlos como una situación de “vida o muerte “.

El alivio sintomático, no solo en el paciente sino también en su contexto más cercano, es notorio. El paciente logra, entre otras ganancias, transformar las preocupaciones en cuestiones a resolver, pudiendo jerarquizarlas de acuerdo al grado de urgencia e importancia real en sus vidas.