Entre los jóvenes se ha vuelto muy popular mezclar bebidas energizantes con alcohol. Estudios científicos han demostrado que los jóvenes que beben este tipo de cócteles, están más expuestos a sufrir daños en su salud que los que sólo consumen alcohol.

Las bebidas energizantes pueden llegar a tener hasta 35 miligramos de cafeína por cada 100 centímetros cúbicos. Por esta razón, los propios fabricantes recomiendan no ingerir más de dos latas por día y advierten, en el rótulo del envase, que “su consumo asociado con alcohol es nocivo para la salud”.

Este tipo de bebidas, conocidas comúnmente como energizantes, son en realidad euforizantes (hay bebidas deportivas que son energizantes y no producen cuadros de euforia).  

Los jóvenes cuyas capacidades motoras, reacciones visuales y juicio resultan alterados por el consumo de alcohol, pueden no percibir que están excedidos o hasta intoxicados con alcohol cuando lo mezclan con un estimulante. Este es el efecto más nocivo que las mezclas acarrean.

Aunque sin mezclarlos con alcohol no son dañinos, no es recomendable excederse en su ingesta. La sobredosis de cafeína que actúa como estimulante, sumada a los efectos del alcohol que es un depresor, pueden crear cuadros de excitación excesiva, desorientación, delirios y hasta convulsiones, lo que deriva en la muerte de un gran número de neuronas por episodio.

A ésto hay que sumarle las consecuencias sobre el aparato cardiovascular, ya que el cóctel sobreexige al corazón y bloquea los mecanismos normales que el cuerpo tiene para tolerar estas situaciones.

Hoy, los energizantes se venden libremente en almacenes y supermercados. En algunos locales, incluso, se venden en “combo” con diversas bebidas alcohólicas. Por esta razón, los jóvenes deben estar informados sobre los riesgos de mezclar ambas bebidas, como parte de un programa general para la reducción del consumo elevado de alcohol y sus consecuencias.

Al combinar los energizantes con bebidas alcohólicas, los efectos pueden ser múltiples: desde un simple insomnio hasta la muerte súbita, pasando por molestias como acidez, taquicardia, calambres, lesiones musculares, arritmias leves o severas e hipoglucemia.