La cicatrización de heridas es un mecanismo de reparación del organismo y puede desarrollarse de distintas maneras. Existe una cicatrización primaria, que se da cuando los bordes de la herida permanecen unidos durante todo el proceso de curación, y una cicatrización secundaria cuando esos bordes no entran en contacto y la situación obliga a producir más tejido de granulación, provocando una cicatriz de mayores dimensiones.

En este último grupo se encuentran las heridas complejas (como lesiones abrasivas, con escaras, fracturas expuestas, lesiones de partes blandas, entre otras)  que requieren de delicados procesos de curación y, en muchas ocasiones, lleva varios días.

Para los especialistas no es tarea sencilla decir cuál es el método adecuado. Cada uno utiliza los métodos que considera adecuados dependiendo de la situación de cada paciente y de la respuesta de las heridas. “Hoy en día no hay un producto estandarizado. Intentamos con varias cosas”, dice Mauricio Molina, traumatólogo del Hospital de Urgencias de la ciudad de Córdoba.

Uno de los sistemas más utilizados en todo el mundo para cerrar heridas es el conocido como VAC. Se trata de un apósito de esponja de polímero poroso que se adapta al lecho de la herida. Sellado y bajo presión negativa (vacío), el sistema crea un entorno de curación para la herida.

Sin embargo, la eficacia de este sistema no puede con todas las heridas y muchos especialistas debieron buscar un método complementario.
“El sistema VAC anda bien en las primeras 72 horas, pero no estimula la granulación. Por eso lo hemos empezado a combinar con esponjas de colágeno de origen equino”, dice Molina. 

“Cuando tenemos una lesión muy abierta -como una fractura expuesta- y no la podemos cubrir, llamamos al cirujano plástico para que haga un injerto. Si el cirujano no tiene un lecho, nos dice que el injerto no va a prender. Muchas veces los injertos se adhieren al hueso, porque no hay tejido cicatrizante y la piel injertada se rompe. Sin cobertura de partes blandas, no tenemos muchas opciones”, agrega.

Según el especialista, hasta hace un tiempo se utilizaba sulfato de magnesio, pero esto requería entre 10 y 15 días de internación porque el cierre de la herida se producía de manera muy lenta. Además, en muchos de esos pacientes la herida no se cerraba o se infectaba, lo que hacía que no llegaran a buen puerto para poder injertar. “Con las esponjas estamos obteniendo buenos resultados”, afirma.

Entre las ventajas de este producto se destacan la baja o nula inmunogenicidad (el colágeno es un biomaterial establecido en medicina), el impacto favorable en la coagulación sanguínea (favorece la agregación de plaquetas) y la absorción de grandes cantidades de fluido (y con él bacterias, depósitos de fibrina y otros materiales no deseados).