Recientemente, la Universidad de Alabama, en Birmingham, dio a conocer un informe destinado a las personas con diabetes que por estos días están planificando o se encuentran de vacaciones.

El informe se proponía brindarles una guía que pudiera ayudarlos a sobrellevar mejor un viaje en el cual no sólo los acompañan la familia y las valijas, sino también una enfermedad crónica cuyas limitaciones son constantes, tanto en la dieta como en controles y administración de medicación.

Las personas con diabetes deben realizarse controles de glucemia constantes y los viajes o las vacaciones no son una excepción.

“Lo primero que les recomendamos a los pacientes, sobre todo a los que tienen diabetes tipo 1 (insulinodependientes), es que tomen el control de la enfermedad, sobre todo cuando deben viajar atravesando países o visitando aeropuertos. En ese sentido, es fundamental ser organizados y llevar la medicación siguiendo las indicaciones de cada lugar. Es importante controlar la cantidad de medicación necesaria para los días que se estará fuera de casa, tener un menú ‘en la cabeza y contar con las tiras reactivas”, especificó Fernando Ovalle, director de la e investigador de la Universidad de Alabama.

El especialista considera como una buena opción llevar más medicación de la necesaria, por si ocurre un imprevisto y en el lugar resulte difícil encontrar sustitutos. Además, la medicación siempre debe viajar  en el equipaje de mano. Para eso, es importante contar con un certificado médico escrito en español y en inglés.

El cambio de horario también debe ser tenido en cuenta. “Cuando la diferencia es poca -menos de tres horas entre el lugar de residencia y el sitio al que se viaja- no suele haber problema, dado que la medicación se estaría tomando prácticamente en el mismo momento. Pero cuando la diferencia excede las cuatro horas es recomendable armar con el médico un nuevo esquema que ayude a reducir la posibilidad de cometer errores”, afirma Ovalle.

En lo que refiere al cuerpo, lo más recomendable, aun cuando se viaja en avión, es caminar y pararse la mayor cantidad de veces posible. Eso disminuye el riesgo de que se produzcan trombosis o se hinchen las extremidades.

Con relación a la dieta, es importante no sólo interiorizarse sobre la oferta alimenticia del sitio que se va avisitar, sino también hacer un esquema sobre lo que se va a ingerir cada día.

León Litwak, presidente de la Sociedad Argentina de Diabetes y jefe de la Sección Diabetes y Metabolismo del Servicio de Endocrinología y Medicina Nuclear del Hospital Italiano de Buenos Aires, explica que cuando una persona con diabetes se va de vacaciones, es importante encontrar las alternativas para seguir con la rutina habitual que incluye el plan alimentario y la actividad física.

Según Litwak, lo fundamental es la educación diabetológica, porque siempre se puede encontrar opciones saludables para comer, inclusive en lugares de comidas rápidas. “Un paciente informado siempre sabrá que, si bien debe tener conducta siempre, si algún día por una determinada razón tienen que ‘comer mal’ o alimentarse de una manera no del todo saludable, no ocurrirán mayores complicaciones”, afirma.

Por último, es importante tomar mucha agua y no exponerse excesivamente al sol. En caso de que se viaje a un lugar exótico, hay que informarse sobre las vacunas necesarias, que no se contraponen con la medicación para la diabetes.

Siempre que se viaja hay cierto grado de descontrol por el solo hecho de salir de la rutina. Cuantas más variables se puedan manejar, mayor será el éxito del viaje y menores las posibilidades de sufrir complicaciones.