Investigadores de la Universidad de Londres (Reino Unido) realizaron  un estudio donde encontraron que en el primer año de vida, los niños con autismo muestran patrones cerebrales diferentes cuando alguien los mira o los deja de mirar.

“A esta edad no hay ninguna conducta que haga que el autismo sea evidente, por lo cual medir las funciones cerebrales es un indicador más claro del riesgo”, afirma Mark Johnson, psicólogo y miembro del grupo investigador.

La investigación. Johnson trabajó con bebés de entre 6 y 10 meses, que tenían un hermano con autismo, situación que aumenta el riesgo de sufrir la patología.

El experto monitoreó la actividad cerebral de los niños, enfocándose en lo sucedido cuando alguien los miraba u observaba en otra dirección.

Al parecer, la interacción resulta fundamental en el contacto y la comunicación entre las personas, un aspecto muy afectado por el autismo.

El estudio encontró que el cerebro de los bebés que con el tiempo fueron diagnosticados con autismo procesa la información de manera diferente antes de cumplir el año de edad.

Sin embargo, el hallazgo no puede tomarse como una regla ya que, según explica Johnson, algunos chicos mostraron patrones irregulares aunque nunca desarrollaron la patología.

“Esta investigación es un primer paso hacia el diagnóstico temprano. Nuestros hallazgos demuestran por primera vez que medidas directas del funcionamiento del cerebro en los primeros años de vida se asocian a un diagnóstico posterior del autismo, mucho antes del surgimiento de los síntomas de la conducta”, concluye Johnson.

Los resultados del estudio fueron publicados en la revista Current Biology.