Una cardiopatía congénita es toda enfermedad que se da desde la formación del aparato cardiovascular de una persona. Generalmente, se trata de defectos estructurales que modifican la arquitectura del corazón o de los vasos, y genera anormalidad en la circulación de la sangre oxigenada que va a los tejidos.

En la Argentina, nacen 6.100 niños con cardiopatías cada año. El 25% de esos casos requerirá tratamiento quirúrgico o un cateterismo intervencionista dentro del primer mes de vida.

Según Hernán Cristian Freire, médico del Servicio de Cardiología Infantil del Hospital Universitario Austral, cualquier persona puede padecer una cardiopatía congénita.

“Se estima que 8 de cada mil nacidos vivos la sufrirán alguna. En algunos de estos casos, puede haber asociaciones genéticas (tener familiares con cardiopatías); en otros, padecer infecciones o utilizar drogas o ciertos medicamentos durante el embarazo puede alterar el desarrollo del corazón del bebé. En una gran cantidad de casos no hay una causa conocida que determine el desarrollo de la cardiopatía”, agrega el especialista.

Para Freire, lo positivo es que actualmente todas las cardiopatías tienen tratamientos que -en la mayoría de los casos- dan muy buenos resultados y permiten al paciente llevar una vida casi normal.

Cateterismo. El cateterismo, procedimiento mínimamente invasivo, tiene una rápida recuperación y no deja cicatrices en el corazón. Sin embargo, es una posibilidad terapéutica aplicable sólo en algunos casos.

“Mediante catéteres que se colocan en venas o arterias -por lo general en la pierna- se ingresa hasta el corazón o los vasos, realizando el cierre de algún defecto de las paredes del corazón, vaso, dilatación de válvulas u obstrucciones”, explica el cardiólogo.

En otras ocasiones, los defectos congénitos pueden imposibilitar el flujo sanguíneo dificultando el normal funcionamiento cardíaco. En estos casos, es necesario realizar un tratamiento quirúrgico rápidamente.

“Para la gran mayoría de las cardiopatías, la sobrevida posquirúrgica en centros de alta complejidad es similar a la de las estadísticas internacionales: cerca del 95%”, concluye Freire.