La meningitis es una enfermedad que sólo afecta a los seres humanos y se caracteriza por la inflamación de los tejidos que recubren el cerebro y la médula espinal.

Es causada por diferentes agentes patógenos como bacterias y virus. Generalmente, la meningitis viral es reversible porque casi nunca pone en riesgo la vida y tiene menos secuelas. En contraposición, la meningitis bacteriana tiene como agentes patógenos al meningococo, neumococo y Haemophilus influenzae b. Este último germen se ha logrado controlar por medio de la vacunación en forma muy significativa.

En el marco del Congreso Internacional de Infectología Pediátrica y Vacunas de  de la Sociedad Argentina de Infectología Pediátrica (SADIP) se difundió que en la Argentina se dan más de 500 casos al año de meningitis purulentas, alrededor de 8 casos por semana. De ellos,  3,7 son causados por meningoco, de los cuales entre el 10 y 15% terminan con la muerte. Un 15% presenta secuelas. El resto son originados por neumococo, que alcanza un mortalidad del 20% y presenta secuelas en un 30% de los casos.

Esta bacteria puede prevenirse con  vacunas que cubren el 85% de los 13 serogrupos existentes y han sido recientemente incorporadas al Calendario Nacional de Inmunizaciones de Argentina.

Grupos de riesgo. El grupo más afectado son los menores de 1 año. En 2010 el 34,3% de los casos aislados de meningitis por meningoco fue encontrado en este grupo, para quienes no existía hasta el momento una vacuna que los protegiera.

La vulnerabilidad de este grupo etario se debe a la falta de maduración de su sistema inmunológico, lo que significa que su organismo no está preparado para enfrentar la bacteria.

En los lactantes y niños más pequeños la enfermedad puede manifestarse con fiebre alta, irritabilidad, rechazo del alimento y marcada tendencia al sueño.

En los últimos años se dio un aumento notable de meningoco.  Un estudio realizado en los hospitales Gutiérrez y Garrahan sobre la enfermedad y su manifestación más grave (la meningitis), mostró que alrededor del 20% de los pacientes requirieron terapia intensiva.

Detección temprana. En función de los síntomas que se presentan en las primeras 24 horas de la enfermedad, se estima que la mortalidad varía entre el 9 y 20% dependiendo de que sean 2 o 3 los factores pronósticos sufridos por el paciente (petequias, meningitis, recuento de leucocitos, etc.).

Entre un 12 y un 20% de los pacientes afectados pueden quedar con secuelas neurológicas e, incluso, amputaciones. En este sentido, es fundamental una pronta atención médica dado que el avance de la enfermedad es muy veloz. Es crucial estar alerta a los primeros síntomas y consultar al médico ya que, para evitar la evolución de la bacteria, el tratamiento debe iniciarse lo antes posible.