Aunque las alergias parecen exclusivas de la primavera o el comienzo del invierno, en verano el cuerpo se expone a una serie de circunstancias que pueden sensibilizarlo dando lugar, justamente, a una reacción alérgica.

“Durante el verano, época en la cual nos relajamos y nos disponemos a disfrutar de diversas actividades al aire libre, de la playa, la pileta, las comidas fuera de casa y el sol, nos exponemos a ciertos riesgos que pueden llegar a provocarnos consecuencias severas”, explica Ricardo Zwiener, médico del Servicio de Alergología e Inmunología Clínica del Hospital Universitario Austral (HUA).

Entre las manifestaciones características del verano figuran la rinoconjuntivitis alérgica y el asma, caracterizadas por la congestión nasal, los estornudos frecuentes y la descarga de abundante mucosidad acuosa por las fosas nasales (rinorrea).

“Estos síntomas suelen estar acompañados, además, de lagrimeo y picazón de ojos. Por último, como consecuencia de este cuadro, puede desencadenarse una crisis de asma con falta de aire, opresión y silbidos en el pecho”, afirma el especialista.

En estas situaciones, el factor desencadenante es el grano de polen, que está presente en el aire desde la primavera.

Por otra parte, si bien los cuadros de alergia por ácaros del polvo doméstico suelen ser menos frecuentes durante el verano, hay que tener precaución al trasladarse a las casas de la playa, que suelen llevar mucho tiempo cerradas.

“En esos casos es recomendable que la limpieza y ventilación se realice antes de la llegada de los ocupantes, sobre todo si hay alguna persona alérgica”, sugiere Zwiener.

El cloro de las piletas puede irritar las vías respiratorias, los ojos y la piel, cuando su concentración supera los límites recomendables.

Picaduras de insectos.  Las picaduras de insectos, en esta época, requieren un capítulo aparte.

Aunque por lo general las picaduras producidas, por ejemplo, por mosquitos no suelen provocar reacciones alérgicas severas, sólo molestias locales que duran pocos días, existen ciertos insectos llamados himenópteros que generan serias consecuencias.

Entre estos se cuentan la abeja, la avispa y la hormiga colorada, que causan picaduras acompañadas de dolor, enrojecimiento e hinchazón, síntomas que conforman lo que se conoce como reacción local pero que pueden estar acompañados de una alergia generalizada, un cuadro severo y potencialmente fatal.

“En estos casos se produce anafilaxia: una reacción sistémica que involucra a distintos órganos del cuerpo y se caracteriza por la aparición de ronchas, hinchazón de cara, edema de glotis, nauseas, vómitos, convulsiones, falta de aire, e incluso shock con presión arterial baja y pérdida de conciencia. Es realmente una emergencia médica que requiere atención inmediata”, advierte el especialista.

Para evitar las picaduras, los expertos recomiendan:

  • Permanecer alejado del hábitat de este tipo de insectos.
  • No usar vestimentas de colores vivos o perfumes intensos, ya que esto provoca que se confundan con las flores.
  • Mantener los alimentos cubiertos hasta que sean consumidos, dado que el olor de la comida atrae a los insectos.
  • Moverse despacio al estar cerca de un insecto volador y no intentar espantarlo.
  • No andar descalzos ni apoyar el torso desnudo sobre el pasto.
  • Utilizar repelentes de insectos.

“Aquellas personas que hayan tenido reacciones severas por picadura de insectos deberían llevar consigo adrenalina (epinefrina) autoinyectable y, después de haber sufrido una reacción severa, consultar al  alergólogo ya que el cuadro puede curarse con inmunoterapia (vacunas), administradas con dosis crecientes”, recomienda Zwiener.

Alergia al sol. Aunque clínicamente no existe, comúnmente se llama así a las manifestaciones dermatológicas que surgen luego de exponerse al sol.

“Podemos encontrarnos con fotodermatosis o desórdenes por fotosensibilidad, que aparece en las pieles que presentan una respuesta anormal ante el contacto con la luz solar”, explica Milagros Moreno D`Anna, miembro del servicio de Alergología e Inmunología del HUA.

“Si bien no se conoce aún el mecanismo por el cual se generan, se sospecha que el origen es inmunológico. Según una teoría en estudio, en el caso de la urticaria por el sol, los rayos UV actuarían modificando ciertas proteínas de la piel, las cuales se convertirían en elementos alergénicos”, explica.

Otros desencadenante de fotosensibilidad son los medicamentos tanto sistémicos (oral, inyectables o endovenosos) como tópicos (ungüento, lociones o cremas) que producen dermatitis cuando la persona que los utiliza se expone al sol.

“Estas reacciones aparecen generalmente entre 24 y 48 horas después de la exposición y, en la mayoría de los casos, desaparecen al dejar de consumir el fármaco en cuestión”, añade la especialista.

Además de los cuadros de fotosensibilidad, durante el verano también pueden desarrollarse dermatitis de contacto, un tipo de reacción secundaria a la utilización de cremas bronceadoras, protectores solares y repelentes.

En ambos casos los síntomas son salpullido en la piel, picazón, sensación de ardor o quemazón e hinchazón en los labios y los ojos.

Comidas. Los pescados y mariscos, que se consumen mayormente en época de verano, pueden motivar una reacción alérgica.
Otros alimentos que pueden producir una alergia alimentaria son la leche y los frutos secos en los helados, o frutas como melón y kiwi en postres o licuados, sobre todo las personas que tienen alergia al látex.

Fuente: Hospital Austral
Periodismo.com