A pesar de las pocas estadísticas sobre enfermedades cerebrovasculares en América Latina, resientes estudios indican que ocho de cada mil personas mayores de 35 años han sufrido algún tipo de enfermedad cerebrovascular.

La enfermedad es la segunda causa de muerte en la región, después de los infartos, tanto en hombres como mujeres.

Así lo demuestra un informe publicado por la organización internacional Action for Stroke Prevention (Acción para la Prevención de Derrame Cerebral). Según las proyecciones del informe, el número de muertes se triplicará para el año 2014, con consecuencias devastadoras, no sólo por la pérdida de vidas, sino por las discapacidades que causan y las implicancias en la vida del paciente, su familia y los servicios de salud.

El ACV se produce debido a la obstrucción del abastecimiento de sangre y oxígeno al cerebro, que provoca una pérdida rápida de las funciones cerebrales.

Dicha obstrucción puede ser causada por un bloqueo o por una hemorragia y el resultado puede conducir a severas discapacidades o, incluso, a la  muerte.

La epidemia de ACV constituye un grave problema de salud pública en América Latina. “Vivimos en una región con una población cada vez más sedentaria, que se alimenta cada vez peor”, afirmó en una entrevista con la cadena BBC Carlos Cantú, Neurólogo y fundador de la Asociación Mexicana de Enfermedad Vascular Cerebral.

El principal factor de riesgo del ACV es la edad, pero existen otros riesgos: presión arterial alta, diabetes, tabaquismo, malos hábitos de vida, consumo de alcohol o arritmia.

“En Latinoamérica la población actualmente es muy joven, pero en una o dos décadas se duplicará o triplicará la cantidad de personas mayores de 60 años y, con esto, los eventos cerebrovasculares”, afirma el especialista.

Los ACV no sólo son la segunda causa de mortalidad, son una de las principales causas de discapacidad física y mental en el mundo.

Aunque la investigación ha avanzado mucho, todavía no se ha logrado encontrar fármacos que permitan reparar los daños que causa un ACV en las neuronas y las conexiones cerebrales.

Los tratamientos que están disponibles sólo son efectivos si se administran en un período de cuatro o cinco horas después del evento. Por eso es importante concientizar a la población sobre su estilo de vida, los síntomas y la importancia de recibir tratamiento médico de emergencia cuando alguien está sufriendo el trastorno.