Por: María Eugenia Grillo
Periodista

La esclerosis múltiple es una enfermedad crónica en la que determinadas células (linfocitos T) del sistema inmunológico atacan y dañan la cubierta de mielina que protege las conexiones entre las neuronas del sistema nervioso central.

Esta enfermedad produce problemas físicos, cognitivos y psicosociales a las personas que la padecen. Sus primeros síntomas se manifiestan entre los 20 y los 40 años.

Un novedoso tratamiento, el primero en suministrarse por vía oral, promete reducir en un 50% las recaídas y retrasar la progesión de la discapacidad que genera este mal.

Elizabeth, de 53 años, es esposa, madre y docente. Hace doce años le diagnosticaron esclerosis múltiple. “Me sucedía que -a menudo- tropezaba o cometía torpezas, pero los síntomas no me llamaron la atención hasta que un día me quedé ciega mientras daba clase”, cuenta.

Síntomas. Los primeros síntomas a través de los cuales se manifiesta la afección son: visión borrosa o doble, distorsión del color -o incluso la ceguera en un ojo-, debilidad muscular en las extremidades, dificultad para coordinar movimientos o sostener el equilibrio y problemas para caminar o estar de pie.

También puede ocasionar deteríoro cognitivo (olvidos y distracciones), impedimentos en el habla, temblores, mareos y pérdida auditiva.

“Hasta ahora no se sabe cuáles son las causas que dan origen a esta enfermedad, sin embargo se han identificado algunos factores relevantes”, dice Fernando Cáceres, neurólogo especislista en esclerosis múltiple y director médico del Instituto INEBA.

Es probable que ciertas personas tengan una predisposición genética para contraerla, que la naturaleza de la enfermedad sea viral (virus de Epstein-Barr), que se trate de un agente infeccioso no reconocido aún y, también, que factores ambientales como el tabaquismo y la falta de vitamina D (factor protector) incrementen el riesgo de desarrollo y el riesgo de progresión de la enfermedad una vez que esta se ha  desarrollado.

La esclerosis múltiple es la segunda causa de discapacidad y afecta a 1.3 millones de personas en el mundo. En Argentina, se estima que la prevalencia de la enfermedas es de 18 casos por cada 100 mil habitantes y la incidencia es de 2 casos nuevos al año por cada 100 mil habitantes.

“Si se extrapola esa proporción a la población argentina, estimamos que hay entre 6 y 8 mil personas que la padecen, aunque es probable que sean más”, indicó Edgardo Cristiano, jefe del servicio de neurología del Hospital Italiano en Buenos Aires.

Cristiano explica que a través de una batería de estudios clínicos y una resonancia magnética se logra hacer un diagnóstico preciso. “Luego habrá que preparar al paciente y a los familiares para afrontar el tratamiento y las distintas etapas de progresión de la enfermedad”, agrega.

Primer tratamiento por vía oral. Hasta ahora, el tratamiento estándar para esclerosis múltiple incluía tres alternativas terapéuticas (Interferones Beta), todas inyectables.

Recientemente se ha lanzado la primera y única terapia de administración oral, fingolimod, aprobada para el tratamiento de la forma más común de la enfermedad denominada “recurrente” o de “recaídas y remisiones”, que afecta al 85% de quienes la padecen.

Según lo demuestran tres estudios realizados sobre 2500 pacientes de todo el mundo, fingolimod ha demostrado ser capaz de reducir en un 52% la tasa de recaídas que son características de esta enfermedad en comparación con el tratamiento estándar inyectable. “Los medicamentos, de suministro diario, logran suprimir la actividad inflamatoria para que el paciente no experimente recaídas y lesiones”, explica Orlando Garcea, jefe del servicio de esclerosis múltiple del Hospital Ramos Mejía.

“En términos de eficacia se ve un aumento que va del 30% al 50% en la reducción de las tasas de recaídas. Por otro lado la comodidad de la toma por vía oral aumenta la adherencia al tratamiento; esto es relevante si tenemos en cuenta que la tercera parte de los pacientes lo abandona por el dolor y trastornos que le genera inyectarse”, asegura Jorge Correale, jefe de la sección neuroinmunología y enfermedades desmielinizantes de FLENI.

Con respecto a los efectos adversos que ocasiona el medicamento, los especialistas aseguran que son menores en relación a los que produce el tratamiento estándar. Advierten que se observaron disminuciones transitorias en la frecuencia cardíaca (bradicardia), edema macular, mayor propensión a ciertas infecciones y elevación de ciertas enzimas hepáticas, pero todas las condiciones fueron transitorias y remitieron con la interrupción del tratamiento.

Como ocurre con otros medicamentos, su uso está contraindicado durante el embarazo.

A Elizabeth, el nuevo tratamiento le cambió la vida. “Encontré un tratamiento que no me hace sentir que soy una enferma”.