Es común que los pacientes busquen suplir el cansancio provocado por los tratamientos recurriendo a suplementos alimentarios, como el ginseng, la coenzima Q-10, la L-carnitina y el guaraná, inclusive cuando no todos cuentan con evidencia científicas que respalde su utilidad.

Los suplementos dietarios con ginseng podrían ser de ayuda para las personas con cáncer que se encuentran en tratamiento oncológico, o que lo han finalizado, y que experimentan fatiga como síntoma asociado al tratamiento o a la propia enfermedad. Eso es lo que sugiere un estudio norteamericano, cuyas conclusiones acaban de ser publicadas por la prestigiosa revista especializada Journal of the National Cancer Institute.

“Casi todos los pacientes con cáncer pueden sentir fatiga en algún momento; ya sea antes del diagnóstico y durante o después el tratamiento, y (la fatiga) puede durar varios años”, declaró la autora principal del estudio, la doctora Debra Barton, investigadora de la Clínica Mayo de Rochester (Estados Unidos), al tiempo que señaló que es común que los pacientes que se sienten cansados recurran a suplementos alimentarios, como la coenzima Q-10, la L-carnitina y el guaraná, inclusive cuando no todos cuentan con evidencia científicas que respalde su utilidad.

Efectivamente, el uso de terapias no convencionales –en este caso, suplementos dietarios o herbarios, pero en otros también el yoga, el reiki, la musicoterapia o la acupuntura, por ejemplo– es muy alto entre las personas en tratamiento por cáncer. En los Estados Unidos, el 83% recurre a alguna terapia no convencional (ya sea en forma alternativa o complementaria al tratamiento estándar), lo que representa un gasto anual que ha sido estimado en unos 40.000 millones de dólares al año. En la Argentina, el porcentaje de pacientes asciende al 90%, según estimó un estudio hecho en el marco del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (CONICET).

De ahí la importancia de realizar estudios científicos controlados con estos tratamientos, como lo es el reciente trabajo de investigación de la Clínica Mayo sobre los efectos del ginseng en la fatiga. La doctora Barton y sus colegas dividieron en dos grupos a 364 pacientes con fatiga asociada con el cáncer: un grupo recibió 2000 mg diarios de ginseng durante ocho semanas, mientras que el otro recibió un placebo; al finalizar ese periodo, los participantes tuvieron que calificar el nivel de fatiga en cuestionarios estandarizados.

El estudio halló que el grupo tratado con ginseng aumentó 20 puntos en una escala subjetiva de “energía”, 10 puntos más que el “grupo control”. “El ginseng es interesante porque actúa contra la inflamación y pensamos que la inflamación explica la fatiga asociada con el cáncer”, comentó la doctora Catherine Alfano, subdirectora de la Oficina de Supervivencia de Pacientes Oncológicos del Instituto Nacional del Cáncer estadounidense.

Aun así, advirtió Alfano, los resultados son promisorios, pero todavía se necesita más evidencia científica como para recomendar que los médicos sugieran que sus pacientes utilicen suplementos con ginseng.

Aunque muchas terapias no convencionales han mostrado ser de alguna utilidad para combatir los síntomas del cáncer o de los tratamientos oncológicos –el yoga, por ejemplo, ha demostrado ser útil para combatir los trastornos del sueño, que afectan al 80% de los pacientes en tratamiento oncológico–, otras pueden minar el efecto de dichos tratamientos, como es el caso de ciertos suplementos dietarios que contienen ajo, kava, ginkgo bilova, efedra, cartílago de tiburón, hierba de San Juan o valeriana pueden reducir la efectividad de la quimioterapia.

“Ciertas hierbas, productos de origen botánico o medicamentos de venta libre pueden ser tóxicos y presentar serias interacciones con los medicamentos oncológicos, reduciendo o agravando los efectos de la quimioterapia”, advirtió el doctor David Rosenthal, director médico del Centro Leonard Zakim de Terapias Integradas, del Instituto del Cáncer Dana Farber.

Pero el principal problema hallado parece ser que un gran porcentaje de los pacientes que recurre a terapias no convencionales lo hace a espaldas de sus médicos. En los Estados Unidos, las estadísticas señalan que el 70% de los pacientes con cáncer que recurren a terapias complementarias o alternativas, lo hace sin decírselo a su médico. En la Argentina, el porcentaje es mucho mayor: un estudio del Centro Argentino de Etnología Americana (CAEA), del CONICET, reveló que el 92% de los pacientes que recurrían a terapias no convencionales lo hacía a espaldas de su médico.

“La utilización de medicinas alternativas/complementarias, en combinación con la medicina convencional, al contrario del uso exclusivo de una alternativa, fue la opción más frecuente”, observada en el estudio, señaló Anatilde Idoyaga Molina, investigadora del Centro Argentino de Etnología Americana, y autora del citado estudio.