Por: Raquel Pendito
Especialista en Neumonología
Responsable del “Programa de Dehabituación Tabáquica” – Sanatorio Diquecito

Pese a conocerse las graves consecuencias que produce al organismo, el cigarrillo está muy extendido en la actualidad por todo el mundo, a pesar de las leyes que se van aprobando y de las duras campañas de concientización que se realizan desde los estamentos oficiales.

Si bien todas estas herramientas favorecen la prevención y estimulan el abandono, el tabaco sigue diezmando las sociedades cada vez con mayor ímpetu, a tal punto que en la actualidad el cigarrillo es la principal causa de muerte evitable en los países desarrollados.

Toda esta situación se da en un marco en el que el control del tabaquismo debe enfrentarse al poderoso marketing de la industria tabacalera, que anima en especial a adolescentes a su consumo.

El principal impedimento para dejar de fumar es que a los fumadores esta acción les resulta placentera. Además, se la ha promovido en el cine, TV y hasta en canciones.

En paralelo a todos los impulsos externos que se reciben, la dependencia al cigarrillo parece a simple vista tan compleja que los fumadores bajan los brazos antes de intentar dejarlo, o muchas veces tras el primer fracaso, sin saber que la mayor parte de los casos exitosos tienen historias previas de pasos en falso.

Excusas frecuentes. Las principales excusas que se escuchan a diario en los consultorios, y que no hacen más que impedir  superar la dependencia y gozar de los beneficios de una vida libre de cigarrillo, son:

 “El cigarrillo todavía no me hizo nada” o “De algo hay que morir”
Una de las trampas del tabaco es que los daños aparecen muchos años posteriores al inicio del consumo. Por eso, una persona no puede afirmar que el cigarrillo no es dañino simplemente porque su salud aún no ha sufrido daños significativos.

Al fumador le cuesta mucho admitir su dificultad para desintoxicarse por sus propios medios. Detrás del “no quiero dejar de fumar” siempre se oculta el “no puedo dejar de fumar”. Estas excusas los llevan a esperar a estar mal para recién allí, tomar la drástica decisión de dejar el cigarrillo.

El problema es que, para entonces, los daños ya están hechos, y pueden ser irreparables.

“Consumo los cigarrillos light, habanos o sólo fumo en pipa”
No hay forma segura de fumar, ninguna está exenta de riesgos. Aunque los cigarrillos light tienen menos nicotina y alquitrán, se suelen fumar en mayor cantidad para conseguir la misma concentración de nicotina en sangre. Así, sus riesgos se asemejan a los de los cigarrillos normales, sin mencionar que la nicotina (el alcaloide del humo del tabaco) y el alquitrán sólo forman parte de los más de 4 mil agentes tóxicos de humo.

“Fumo hace diez años y me siento bien”
Una de las mayores trampas del cigarrillo es que los daños que produce aparecen recién a los 20 años de haber probado aquel primer cigarrillo. Por eso es que resulta tan difícil persuadir al adolescente de que deje de fumar, ya que éste no tiene ningún síntoma negativo.

El problema se inicia hacia los 40-45 años (según la edad de iniciación), cuando comienzan los problemas respiratorios, tos y flema matinal, hipertensión arterial de difícil control, infartos, impotencia sexual, accidente cerebro-vasculares (ACV), etc.

Para entonces, ya es difícil revertir las consecuencias. Para prevenir, el fumador debe controlarse periódicamente los órganos blancos, estos son corazón,  pulmones, aparato vascular periférico.

“Si dejo el cigarrillo voy a subir de peso”
Este es quizá el punto más complicado, porque es cierto que el fumador promedio tiene un peso de 2 a 3 kilos inferior al que debería tener acorde la actividad física que realiza y a su ingesta calórica.

La razón es que el cigarrillo controla el apetito, aumenta el metabolismo,  y en algunos casos reemplaza la comida como control de la ansiedad. Sin embargo, ganar peso al dejar de fumar no es algo inevitable.

Estudios realizados en personas que han dejado de fumar y que han llevado una alimentación rica en frutas, verduras y ejercicio físico moderado, mostraron que estos pacientes no aumentaban de peso en comparación con los que dejaban de fumar sin tener presente esos cambios.

En definitiva, para derribar la excusa del aumento de peso, hay que saber de antemano que el cigarrillo deberá ser reemplazado por otra cosa o actividad que  genere placer y,  por qué no, r con una supervisión nutricional, a la par de la actividad física.

Se trata de cambiar un hábito tóxico, por un nuevo hábito sano.

“Dejar de fumar es sólo cuestión de voluntad”
No es cierto. La mayoría de las veces no es suficiente sólo con tener voluntad. En rigor, resulta difícil dejar el cigarrillo ya que genera distintos tipos de dependencia física, psicológica, psíquica y ritual o gestual.

 “Mi papá fumó toda la vida y no se murió por el cigarrillo”
Si un fumador no muere por el cigarrillo es porque tuvo mucha suerte. Son más los fumadores que han muerto por fumar que los que llegaron a envejecer.

Hay muchas enfermedades que la población general no asocia al tabaco, como por ejemplo el cáncer de vejiga, de riñón o de mamas. Lo cierto es que al menos el 50% de las personas que fuman mueren como causa directa o indirecta del cigarrillo en su organismo.

 “Yo ya lo intenté y fracasé”
Es importante saber que la abstinencia definitiva se logra habitualmente después de alguna recaída. Casi siempre hay una historia de fracaso previa, y también es bueno saber que las recaídas son parte del proceso mismo de cualquier tipo de adicción.

Dejar de fumar no es fácil, pero tampoco es imposible.