El glaucoma es un grupo de enfermedades que tienen en común el aumento sostenido de la presión intraocular y un patrón específico y progresivo de daño del nervio óptico. De no tratarse, pueden provocar ceguera.

Se estima que el glaucoma aparece en una de cada 100 personas, a partir de los 40 años. En general, es un proceso hereditario y su incidencia aumenta con la edad, por lo que el riesgo es mayor a medida que se envejece.

El glaucoma primario (de ángulo abierto) es el más frecuente en la Argentina. No presenta síntomas por lo que se conoce como enfermedad “silenciosa”. Este tipo de glaucoma afecta a personas de ambos sexos mayores de 40 años.

Si bien no hay estadísticas oficiales, se calcula que cerca de un millón de argentinos padece glaucoma de ángulo abierto y aproximadamente la mitad lo ignora.

La pérdida de visión por glaucoma es irrecuperable. La detección temprana de la enfermedad es fundamental.

 “Existe una sola manera de prevenir el impacto del glaucoma sobre la calidad de vida del paciente: diagnóstico en estadios iniciales de la enfermedad, correcto seguimiento y -por último- una correcta utilización del tratamiento por parte del enfermo”.

Así lo explicó Antonio Martínez, oftalmólogo de la Universidad de Santiago de Compostela (La Coruña) en su visita a Argentina para participar del 29º Congreso Panamericano de Oftalmología.

El paciente debe realizarse controles en forma periódica para que el diagnóstico de la enfermedad pueda realizarse antes de que se produzcan importantes alteraciones funcionales. Es fundamental además identificar progresión.

“Para ello hemos de realizar pruebas periódicas y establecer criterios para poder detectar el avance de la enfermedad lo antes posible. En cuanto al tratamiento, el hecho de que parte de su eficacia dependa de la correcta administración por parte del enfermo es una barrera importantísima”, indicó Martínez.

Adherencia al tratamiento. El tratamiento del glaucoma con medicamentos hipotensores tópicos (colirios que se colocan sobre el ojo) frecuentemente se asocia a enfermedad de la superficie ocular, incluyendo ojo seco.

La presencia de ciertos conservantes en dichos medicamentos -como el cloruro de benzalconio- se asocia a reacciones adversas que afectan la conjuntiva. Estas reacciones constituyen una barrera para una correcta adherencia al tratamiento.

“El hecho de que el glaucoma sea una enfermedad crónica y asintomática propicia el incumplimiento del tratamiento por parte del enfermo. Los oftalmólogos somos conscientes que la utilización de colirios por parte de personas mayores, con discapacidad visual y otros problemas asociados, propicia el mal cumplimiento del régimen terapéutico”, afirmó el oftalmólogo.

El uso de medicaciones sin conservantes  fue uno de los temas abordados durante el Congreso Panamericano de Oftalmología. La principal novedad fue la presentación de colirios sin conservantes que mejoran la tolerancia y, por lo tanto, la persistencia de los fármacos.

En los próximos meses estará disponible en Argentina un nuevo medicamento para el tratamiento de la presión intraocular (PIO) que no contiene conservantes.