El paludismo, o malaria, es causado por un parásito denominado Plasmodium que se transmite a través de la picadura de mosquitos infectados.

En el organismo humano, los parásitos se multiplican en el hígado y después infectan los glóbulos rojos.

Según el Informe mundial sobre el paludismo 2011, desarrollado por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en 2010 hubo 216 millones de casos y se produjeron unas 655 mil defunciones. La mayoría de los fallecimientos fueron de niños que vivían en África, donde cada minuto muere un niño de paludismo, y la enfermedad es responsable del 22% del total de las muertes infantiles.

Más del 85% de las muertes por paludismo se registren en ese continente. En países que tienen altas tasas de paludismo, la enfermedad puede llegar a reducir el producto interno bruto hasta en un 1,3%.

Transmisión. El paludismo se transmite exclusivamente por la picadura de mosquitos Anopheles. La intensidad de la transmisión depende de factores relacionados con el parásito, el vector, el huésped humano y el medio ambiente.

En el mundo hay unas 20 especies diferentes de Anopheles. Todas pican por la noche.

Estos mosquitos se crían en agua dulce de poca profundidad (charcos, campos de arroz o huellas de animales).

La transmisión es más intensa en lugares donde los vectores tienen una vida relativamente larga que permite que el parásito tenga tiempo para completar su desarrollo en el interior del mosquito, y cuando el vector prefiere picar al ser humano antes que a otros animales.

Síntomas. El paludismo es una enfermedad febril aguda. Los síntomas aparecen generalmente entre los 10 y los 15 días de la picadura del mosquito infectivo. Puede resultar difícil reconocer el origen palúdico de los primeros síntomas (fiebre, dolor de cabeza, escalofríos y vómitos).

Si no se trata en las primeras 24 horas, puede agravarse, llevando a menudo a la muerte.

¿Quién está en riesgo? Aproximadamente la mitad de la población mundial corre el riesgo de padecer el paludismo.  La mayoría de los casos y muertes se registran en el África. No obstante, también se ven afectadas Asia, Latinoamérica y, en menor medida, Oriente Medio y algunas zonas de Europa.

En 2010 el paludismo estaba presente en 106 países y territorios. Entre los grupos de población que corren un riesgo especial se encuentran:

• Niños de zonas con transmisión estable que todavía no han desarrollado inmunidad protectora frente a las formas más graves de la enfermedad. Los niños pequeños son el grupo que más contribuye a la mortalidad mundial por paludismo.
• Embarazadas no inmunes. El paludismo produce tasas elevadas de aborto (hasta un 60% en el caso de la infección) y tasas de mortalidad materna del 10% al 50%.
• Embarazadas semiinmunes de zonas con alta transmisión. El paludismo puede producir abortos y bajo peso al nacer, especialmente durante los dos primeros embarazos. Se calcula que anualmente mueren 200 mil lactantes a consecuencia del paludismo adquirido durante el embarazo. • Embarazadas semiinmunes infectadas por el VIH de zonas con transmisión estable corren mayor riesgo de sufrir el paludismo en todos sus embarazos. Las mujeres con infección palúdica placentaria también corren mayor riesgo de transmitir la infección a sus hijos recién nacidos. • Pacientes con VIH/sida.
• Viajeros internacionales procedentes de zonas no endémicas corren mayor riesgo de sufrir el paludismo y sus consecuencias, pues carecen de inmunidad.
• Emigrantes de zonas endémicas y sus hijos residentes en zonas no endémicas también corren mayor riesgo cuando vuelven de visita a sus países, debido a la inexistencia o atenuación de la inmunidad.

Diagnóstico y tratamiento. El diagnóstico y el tratamiento temprano del paludismo atenúan la enfermedad, evitan la muerte y contribuyen a reducir la transmisión.

La OMS recomienda que antes de administrar el tratamiento se confirme el diagnóstico con métodos parasitológicos.

Prevención. La lucha antivectorial es el medio principal de reducir la transmisión del paludismo en la comunidad. Se trata de la única intervención que puede reducir la transmisión de niveles muy elevados a niveles cercanos a cero.

A nivel individual, la protección personal contra las picaduras de los mosquitos es la primera línea de defensa en la prevención del paludismo.

Hay dos formas de control de los vectores que son eficaces en circunstancias muy diversas:
• Los mosquiteros tratados con insecticidas de acción prolongada, preferiblemente los recomendados en los programas de distribución de salud pública.
• La fumigación de interiores con insecticidas de acción residual.

En la prevención del paludismo también se pueden utilizar medicamentos. En el caso de los viajeros, la enfermedad puede prevenirse mediante quimioprofilaxis, que suprime el estadio hemático de la infección palúdica.

La OMS recomienda un tratamiento preventivo intermitente con sulfadoxina-pirimetamina para las embarazadas que viven en zonas de alta transmisión, durante el segundo y el tercer trimestre. Para los lactantes que viven en zonas de alta transmisión en África se recomienda ese mismo tratamiento en tres dosis, que se administran en el curso de las vacunaciones sistemáticas.

Día Mundial del Paludismo. Instituida por la 60ª Asamblea Mundial de la Salud en mayo de 2007, la fecha supone un reconocimiento de los esfuerzos desplegados en todo el mundo para controlar eficazmente la malaria.

La jornada ofrece una ocasión para que los países de las regiones afectadas aprovechen las experiencias de los demás y prestarse apoyo mutuo, otros se adhieran a una nueva alianza mundial contra la malaria, las instituciones de investigación y académicas expongan sus adelantos, los asociados internacionales, empresas y fundaciones den a conocer sus actividades y el modo de expandir las iniciativas que han dado buenos resultados.

Fuente: OMS