Las enfermedades alérgicas tienen un componente genético relevante: se nace con una predisposición a hacerse alérgicos, habitualmente a sustancias normalmente inofensivas con las cuales se está en continuo contacto.

Entre los alérgenos más comunes se encuentran los ácaros del polvo, el pelo de los animales domésticos, los hongos de la humedad, pólenes, alimentos, cosméticos y muchas veces también los medicamentos.

De acuerdo a un estudio multicéntrico sobre prevalencia de asma y alergia en la población infantil realizado por la Fundación para el Estudio del Asma y otras Enfermedades Alérgicas (Fundaler), y que abarcó a 2435 niños de 6 años y 2103 de 12 años, existe una prevalencia de ambas afecciones de 15 y 10,4% respectivamente.

Realizando además un estudio estadístico sobre asma, rinitis y dermatitis alérgicas en la población adulta, se hallaron prevalencias de un 10,4% para el asma, de un 44% para la rinitis y un 25% para eczema o urticaria en la piel.

“Al haber un componente genético, hay un importante componente hereditario. Se dice que cuando uno de los padres es alérgico las posibilidades que el hijo también lo sea son de un 30 por ciento y si ambos lo son esta posibilidad supera el 60 por ciento”, asegura el presidente de Fundaler, Natalio Salmún.

A veces, los padres de un niño alérgico no lo son, pero sí sus abuelos u otros familiares. Se hereda el terreno alérgico, no la enfermedad. Es decir, un padre con asma puede tener un hijo con rinitis o alergia de piel y viceversa.

“En general se considera que una de cada cuatro personas tienen una manifestación alérgica. Por eso es importante la prevención” señala Salmún.

Tratamiento. El mejor tratamiento es el que combina las distintas terapéuticas: medicamentos, vacunas, control ambiental (para evitar en la medida de lo posible el contacto con los alérgenos), educación del paciente y su familia (esto le permite colaborar activamente con su médico), apoyo psicológico y práctica físico deportiva, como complemento de su terapéutica).

Los órganos “blanco”. Los síntomas dependen de cuál sea el órgano “de choque” donde se produce la reacción alérgica.

“En el asma los bronquios, en las rinitis la nariz, en las conjuntivitis la conjuntiva ocular, en el eczema, la urticaria y otras dermatosis alérgicas la piel. Y así podríamos mencionar los distintos órganos”, indica el especialista.

La rinitis alérgica se caracteriza por una sucesión de estornudos, un excesivo goteo nasal, picazón y lagrimeo en los ojos con visión borrosa y picazón también en el paladar. A su vez, quien padece rinitis empieza a respirar por la boca porque siente que las fosas nasales se encuentran obstruidas.

El diagnóstico de esta condición se basa en la historia clínica y en los síntomas que espontáneamente refiere el paciente. Además, para determinar la causa alergénica de los elementos causales, se realizan las pruebas cutáneas que consisten en colocar un extracto, en suspensión, de los mismos.

En general, se realiza en la cara volar de los antebrazos mediante una punción en la piel. Después de un intervalo -entre 15 y 30 minutos- se observa donde se pincharon los extractos para ver si hay la formación de una pápula con una areola eritematosa. De ocurrir esto, el extracto que lo causó puede ser considerado responsable de la reacción alérgica nasal, es decir, es una reacción positiva.

Cuestión de piel. En tanto, la urticaria se caracteriza por la aparición rápida de habones, también llamados pápulas, en la superficie de la misma. Los habones se originan por la salida, a través de los vasos sanguíneos, del componente líquido de la sangre (el suero), que al presionar sobre la capa interna de la piel provoca una sobre elevación circunscripta, de la misma. Este líquido extravasado se denomina edema.

Entre las causas más frecuentes de la urticaria se encuentran los medicamentos, los alimentos, parásitos intestinales, virus y hongos intestinales. Otra de las afecciones alérgicas más conocidas es la dermatitis de contacto, una erupción o irritación localizada de la piel causada por el contacto con una sustancia exterior.

Hay tres tipos de dermatitis de contacto: dermatitis alérgica de contacto, dermatitis irritante de contacto y dermatitis de fotocontacto.

La dermatitis alérgica está normalmente reducida al área donde el desencadenante tocó la piel, mientras que la dermatitis irritante puede estar más extendida en la piel.

El peligroso shock anafiláctico. El shock anafiláctico es un cuadro clínico de suma gravedad del cual el paciente puede recuperarse espontáneamente o bien por la terapéutica. La gravedad proviene principalmente de una caída brusca de la tensión arterial con pérdida del conocimiento. Pueden agregarse, también, urticaria, edema de glotis y espasmo bronquial.

Entre las causas más frecuentes se encuentran los alimentos y los medicamentos, y entre éstos, los antibióticos y los antiinflamatorios no esteroides.

Según explican los profesionales, la adrenalina es el primer medicamento a utilizar para contrarrestar el shock anafiláctico. En segundo lugar, un corticoide y luego un antihistamínico.

Fuente: Agencia Castropol