Las apneas son microinterrupciones del ciclo normal del sueño, que comenzaron a estudiarse como una simple molestia hasta que se descubrió su relación con enfermedades cardiovasculares.

De las muchas afecciones que perturban el dormir de los seres humanos, las apneas se cuentan entre las más molestas y las de más efectos adversos sobre la salud.

Este trastorno, que se caracteriza por breves interrupciones de la respiración que pueden durar varios minuto y afecta a una de cada diez personas mayores de 65 años, no sólo impide que las personas se recuperen del cansancio diurno, sino que aumentan el riesgo de padecer accidentes.

El dato novedoso. Las apneas del sueño tienden a agravarse durante los meses fríos del año.

Así lo reveló un estudio realizado por investigadores brasileños que encontraron que en invierno se incrementa el número de apneas por noche que sufren quienes padecen esta enfermedad.  

Los investigadores de la Universidad Federal de Río Grande del Sur (Brasil), evaluaron durante 10 años a 7.500 pacientes con apneas que concurrían a una clínica del sueño.

Cristiane Maria Cassol y sus colegas relacionaron la gravedad de las apneas de los participantes del estudio con distintos factores climáticos, como la humedad, la temperatura y la contaminación del aire.

Los científicos observaron que los pacientes que consultaron en los meses más fríos del año tuvieron más interrupciones respiratorias nocturnas que los que lo hicieron en meses más cálidos.

Mientras que en el invierno los pacientes tenían 18 interrupciones respiratorias por hora, en verano padecían unas 15.

Además, en invierno se diagnosticó una proporción mayor de apneas graves, en las que los pacientes llegan a sufrir más de 30 interrupciones respiratorias por hora durante la noche.

“La gravedad  puede deberse a varias circunstancias, como los trastornos de las vías respiratorias propias del invierno que aumentan la gravedad de los síntomas de la apnea del sueño”, afirmó Cassol.

Sin descanso reparador. Según Ada Toledo, especialista en sueño de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria, el sueño es una necesidad básica del organismo.

“Cuando disminuye el tiempo de sueño, o éste no resulta reparador, aparecen síntomas diurnos como somnolencia, cansancio y también disminución del rendimiento intelectual. Aún más, la alteración de los reflejos se asocia a un incremento de los accidentes, tanto de tráfico como laborales”, éxplicó.

El síndrome de apneas de sueño también está asociado a la diabetes, la hipertensión arterial (más del 40% de los pacientes con apneas sufren de hipertensión), riesgo aumentado de cardiopatía isquémica (angina de pecho e infartos) y de accidentes cerebrovasculares (ACV).

Si bien existen numerosos síntomas que pueden hacer sospechar que se padece de apneas –ronquidos, somnolencia diurna, sequedad en la boca al despertar, dolor de cabeza, entre otros–, la forma de diagnosticarlas es la polisomnografía, un estudio que evalúa distintos parámetros del paciente durante el dormir.

“La polisomnografía es un estudio indoloro mediante el cual el médico determinará el diagnóstico e implementará el tratamiento que en la mayoría de los casos supone el descenso de peso, evitar el uso de sedantes o drogas inductoras de sueño, evitar el consumo de bebidas alcohólicas y el uso del llamado CPAP, un equipo que presuriza la vía aérea a través de una máscara, permitiendo que la garganta se expanda evitando su colapso y por lo tanto logra la desaparición de apneas”, explica Toledo.

Según la especialista, el tratamiento con el CPAP suele ser altamente efectivo. “Se ha demostrado que con una consulta y diagnóstico precoz, el tratamiento funciona con efectividad y logra mejorar la calidad de vida del paciente”, concluye la experta.

Fuente: Agencia Castropol.