A 30 años del comienzo de la epidemia, el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/SIDA (ONUSIDA) propone una estrategia para transformar la respuesta mundial al virus, en la que se busca reducir a cero el número de nuevas infecciones y de muertes relacionadas con el VIH-SIDA, así como también la discriminación que sufren las personas seropositivas.

“Llegar a cero” (“Getting to Zero”) es el lema elegido para el Día Mundial de la lucha contra el VIH/SIDA que se celebra todos los años el 1º de diciembre.

Según estadísticas de ONUSIDA, 6,6 millones de personas seropositivas, casi la mitad, que necesitan tratamiento en países en ingresos medios y bajos, están recibiendo los medicamentos. Al mismo tiempo, el 40% de las personas seropositivas desconocen que están infectadas.

Desde el inicio de la epidemia de VIH/SIDA, más de 60 millones de personas contrajeron la infección, de las cuales 30 millones murieron a causa de afecciones relacionadas con el SIDA.

Pero no todos los indicadores que señalan el curso de la epidemia son negativos: en América latina, desde 1996, se ha producido un descenso constante de las nuevas infecciones anuales por VIH, estabilizándose en unas 100 mil al año. Asimismo, se observa una disminución considerable en el número de nuevas infecciones por VIH y muertes relacionadas con el SIDA en niños entre 2001 y 2010.

Hacia un mejor control de la infección por VIH. El tratamiento de la infección por VIH/SIDA también continúa mejorando: desde la aprobación en 1987 del AZT, cinco clases terapéuticas de medicamentos antirretrovirales han sido desarrolladas.

La más reciente es la de los inhibidores de la integrasa, una enzima que es crucial para que el material genético del VIH pueda integrarse en el ADN de las células infectadas. Al inhibir la integrasa se evita que el virus pueda seguir replicándose e infectando otras células.

“Los nuevos antiretrovirales buscan mejorar la potencia con menor cantidad de ‘efectos adversos’. Hoy en día, en muchos de los pacientes en tratamiento que se mantienen indetectables, los problemas que preocupan son los trastornos metabólicos, la lipodistrofia y el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Los nuevos fármacos tienden a tener efectos menos desfavorables o neutros sobre estas condiciones”, afirmó Arnaldo Casiró, jefe de Infectología del Hospital Teodoro Álvarez y miembro de la Sociedad Argentina Interdisciplinaria contra el SIDA (SAISIDA).

“En los pacientes que fallan a uno o más tratamientos, los fármacos de una nueva familia permiten encarar otro tratamiento. Podemos ‘rescatar’ al paciente, ya que estos nuevos fármacos tienen diferentes modos de acción y presentan por lo tanto un diferente perfil de resistencia al virus. Esto significa muchas veces un éxito terapéutico impensable varios años atrás”, agregó.

En un reciente artículo sobre los 30 años de la epidemia, Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los Estados Unidos, destacó que los modernos tratamientos antirretrovirales “suprimen segura y eficazmente la replicación del VIH en el cuerpo humano, por debajo de niveles detectables en la mayoría de los pacientes infectados que reciben tratamiento”.

El desafío que propone la estrategia global “Llegar a cero”, es garantizar el acceso universal al tratamiento.

Relación médicos y pacientes. Así como con todas las enfermedades crónicas, las personas que viven con VIH/SIDA necesitan ser tratadas de acuerdo con su perfil individual y discutirlo con su médico.

Los resultados de la reconocida Encuesta Internacional sobre el Tratamiento del SIDA en pro de la Vida (ATLIS por sus siglas en inglés), que se realizó en 2010 en varios países y que incluyó a más de 2 mil personas que viven con VIH/SIDA, reveló que existe una brecha significativa dentro del diálogo médico-paciente respecto a las afecciones que podrían causar un impacto negativo en su salud a largo plazo, así como en su calidad de vida y en los resultados del tratamiento.

Los datos sugirieron que mientras los pacientes creen sostener conversaciones significativas con sus médicos, a menudo estas discusiones no se centran en sus necesidades individuales incluyendo enfermedades crónicas, efectos colaterales del tratamiento o comorbilidades como las enfermedades cardiovasculares.