Para muchos niños, crecer puede resultar físicamente muy doloroso.  Sus padres comienzan a preocuparse cuando, sin haber golpes o traumatismos, los chicos se despiertan llorando por la noche o se quejan constantemente de dolor en sus piernas.

La opinión popular es que ésto se debe a un estiramiento del hueso, pero lo más probable es que la causa sea la fatiga de los músculos y el  muslo. 

Guillermo Mántaras, especialista en traumatología infantil e integrante del equipo médico del Instituto Traumatológico de Córdoba (ITC), explica que estos dolores habitualmente aparecen en las pantorrillas o en la tibia, y afectan al niño por la tarde o noche. 

“Si el dolor es muy fuerte se despiertan llorando. Generalmente duelen ambos miembros inferiores de manera simultánea, pero otras veces lo hacen de manera alternativa.  El proceso se repite en forma esporádica”, afirma.

 “El niño es incapaz de concretar dónde le duele. Pasado unos minutos, estos dolores desaparecen. Al levantarse, no hay ningún síntoma y la marcha es normal”, cuenta Mántaras. 

Se calcula que esta molestia afecta a un 20% de niños entre los 5 y los 12 años. Usualmente, estos dolores ocurren en niños inquietos, que no duermen siesta y cuya jornada de juegos es prolongada. 

¿Cómo ayudarlos? La principal recomendación es no asustarse y ayudar al niño a que el dolor pase rápido. Para ello, existen algunas medidas domésticas recomendadas por los especialistas:

  • Practicar un masaje con suavidad en el lugar de la pierna donde duela. Poner talco en las manos para que se deslicen mejor.
  • Colocar al niño boca abajo y flexionar suavemente la pierna que le duele llevando el tobillo hacia las nalgas, sin hacer presión. Mantener la posición durante 10 segundos.
  • Aplicar calor seco de forma local con una almohadita térmica o compresas apenas calientes.
  • Preparar un baño de inmersión con agua caliente, antes de acostarlo. Seguramente ayudará a prevenir las molestias.
  • No confiar en la memoria, conviene registrar en un cuaderno la frecuencia y la región afectada en cada episodio. 

También existen algunas medidas para preparar el cuerpo de los chicos para el crecimiento. “Recomendamos a los padres que les proporcionen a sus hijos una alimentación rica en calcio  y magnesio para evitar cualquier tipo de carencia” sugiere Mántaras.  

El calcio se obtiene no sólo de la leche y sus derivados, sino también de las verduras. La fuente con mayor contenido de magnesio son las frutas secas (nueces, avellanas), semillas (soja, cereales), papa, zanahoria, entre otras.

Mántaras destaca la importancia del ejercicio físico para mejorar la capacidad de contracción y relajación muscular.  

Descartar otras patologías. Debido a que las piernas y los brazos también pueden doler por infecciones, enfermedades de la sangre, tumores, parasitosis, condritis, entre otras, hay situaciones en las que no se debe pensar que los dolores se deban sólo al crecimiento y es importe visitar a un especialista. 

“Si los dolores son muy persistentes, ocurren siempre en la misma región y a cualquier hora del día, si esta molestia impide hacer actividades cotidianas, provoca renguera, o si el lugar del dolor se pone rojo y se inflama, entonces es importante hacer una consulta”, sostiene Mántaras.