Quienes conviven con una persona que padece la enfermedad de Alzheimer o cualquier otra demencia, así como quienes tienen a ese familiar internado en alguna institución, saben que existen ciertas fechas, festejos y momentos del año en los que deben poner especial atención para no dañar la estabilidad del paciente.

Navidad, Año Nuevo y posteriormente el período vacaciones son, por caso, las fechas más conflictivas.

En este sentido, es muy común que los familiares piensen que le producirán una gran alegría al paciente si lo hacen participar de las reuniones con familiares a los que hace mucho no ven, pero la realidad indica que, en la mayoría de los casos, suele producir el efecto contrario.

“Las personas con Alzheimer receptan de una manera especial la organización de reuniones atípicas en las que cambia el movimiento de un hogar y los integrantes de una familia se preparan para recibir a mucha gente. Esos cambios le hacen perder el sentido del lugar en el que estan y de las personas que los rodean”, explica Janus Kremer, neuropsiquiatra, especialista en Alzheimer y director del Instituto Kremer de Neuropsiquiatría y Medicina Avanzada.

El especialista agrega que durante esos días es mejor que los pacientes no vivan situaciones estresantes. “Los ruidos de los fuegos artificiales, las voces de muchas personas y la imposibilidad de seguir una conversación, pueden producirles desequilibrios, pérdida del sentido del lugar, entre otras cosas”, agrega.

La pregunta es, entonces, si durante esos días es conveniente internarlos en algún centro especializado. “Si nunca estuvieron internados, es mejor no hacerlo, porque eso también puede ocasionarles problemas. En tal caso, se recomienda no organizar reuniones en la casa donde está el paciente. En tanto, si el paciente vive en algún centro de internación, suele recomendarse que no se lo saque de allí”, explica Kremer.
 
Vacaciones. En cuanto a los días de descanso, tampoco se recomienda sacar al paciente de su casa, ya que todos los cambios espaciales suelen ser desencajantes.

“No se ayuda al paciente si se cree que llevándoselo de vacaciones va a ser más feliz. Lo mejor es no provocarle cambios severos, dejarlo a cargo de alguien y que la familia salga sola, lo que también ayudará a despejarse y descansar”, explica Kremer.

El especialista aclara que los familiares no deben sentir culpa por tener que tomar estas determinaciones, porque lo que el paciente necesita, en definitiva, es padecer la menor cantidad de cambios posibles.