Karla García
Pediatra – Co-responsable del Programa de Obesidad Infanto-Juvenil
Sanatorio Diquecito

El número de niños y adolescentes con colesterol alto se está incrementando en nuestro país y en el mundo, de la mano del aumento de la prevalencia de la obesidad infanto-juvenil.

Este dato es por demás preocupante si tenemos en cuenta que el colesterol superior a los niveles adecuados es un factor determinante en el desarrollo de la enfermedad cardiovascular en el adulto joven.

Esto nos lleva a reforzar la importancia de detectar y tratar estos casos desde la pediatría.  Años atrás no era habitual pedir un examen de colesterol a un niño, como se le pide de rutina a un adulto, pero esto ha cambiado precisamente debido a esta tendencia que estamos viendo.

No hay estadísticas que reflejen la prevalencia del colesterol alto en menores ya que hace 20 ó 50 años esos casos no se detectaban y terminaban en una enfermedad cardiovascular a temprana edad.

En la actualidad, en cambio, quienes nos especializamos en el tema estamos haciendo una detección selectiva y nos estamos encontrando con muchísimos diagnósticos de hipercolesterolemia en niños desde los 5 años con sobrepeso u obesidad.

 Principales causas de la hipercolesterolemia en niños. Las principales causas del colesterol alto son el sobrepeso, y la obesidad.     

Que un menor tenga un peso y una talla normal no quiere decir, sin embargo, que esté exento de tener el colesterol elevado.

Entonces ¿en qué niños vamos a buscar una hipercolesterolemia? En todos aquellos mayores de 2 años que tengan padres con colesterol alto (mayor a 240 miligramos por decilitro).

También es importante hacer los análisis a aquellos cuyos padres hayan tenido un evento coronario o cardiovascular precoz, es decir antes de los 55 años, como así también a todos los chicos que tengan sobrepeso, obesidad, hipertensión arterial y diabetes.

Causas. Al analizar las causas de esta problemática, hay dos factores muy complejos y negativos que tienen incidencia directa sobre el desarrollo de obesidad e hipercolesterolemia: la creciente industrialización de los alimentos y la escasa actividad física.

Los chicos dejaron de comer alimentos saludables y están consumiendo, en cambio, mucha comida con alta densidad calórica. Por eso siempre insistimos en el papel determinante que tienen los padres al monitorear de qué manera se están alimentando sus hijos tanto en casa como en el colegio.

Por otra parte, nuestros niños y adolescentes encuentran cada vez más alternativas digitales a cuestiones que antes les demandaban un esfuerzo físico.

El interés por el entretenimiento y la actividad al aire libre está siendo reemplazado por un incremento en las horas frente a la pantalla (computadora, televisor, juegos electrónicos, etc.)

Los pediatras recomendamos menos de 2 horas de pantalla por día y, en la práctica, tenemos pacientes que pasan hasta 8  horas diarias. En este sentido el papel de la familia es también determinante. 

Consecuencias del colesterol alto para la salud del menor. La estría grasa que da origen a la arterosclerosis comienza en la primera década de la vida. De hecho, estudios científicos lo están evidenciando.

Esta estría grasa empieza luego a acumular más lípidos, más células, formándose una placa fibrosa en la pared arterial. Al llegar a la vida adulta, esta placa puede calcificarse o romperse y dar origen al ¨trombo¨, que es lo que termina ocluyendo la arteria coronaria y produciendo el evento cardiovascular, es decir el infarto.

Si la situación de sobrepeso y malos hábitos de vida comienza durante la primera década de la vida, nuestra responsabilidad como pediatras es detectarla y tratar al niño a tiempo para evitar las consecuencias metabólicas, como la diabetes, la HTA y las Dislipemias con sus riesgos cardiovasculares.

Tratamiento. Si un niño tiene un colesterol más alto de lo normal, tiene entonces un 50% de probabilidades de mantenerlo elevado en la vida adulta si no hacemos un tratamiento adecuado. 

El tratamiento de la hipercolesterolemia en menores es dietético, consiste fundamentalmente en cambiar pautas alimentarias, incorporando hábitos saludables que persistan en el tiempo.

El tratamiento farmacológico está reservado para casos muy puntuales: sólo cuando nos encontramos con cuadros de hipercolesterolemia grave, y siempre que se trate de mayores de 10 años.

El tratamiento dietético da muy buenos resultados en los niños y es el que se debe implementar en pediatría. La dieta indicada para estos casos es normocalórica, lo que permite un desarrollo y crecimiento normal del niño.

No es recomendable indicar, por ejemplo, dietas hipograsas en menores de 2 años, porque éstos necesitan todavía la grasa para el desarrollo de su sistema nervioso.

En general, y siempre a partir de los 2 años -nunca antes-, se indica una dieta con lácteos descremados, carnes magras, mucho pescado, y ácidos grasos insaturados. Si el paciente no mejora se hace una dieta más intensiva.

Si luego de 6 a 12 meses de dieta, hábitos alimentarios saludables y actividad física el niño no mostró avances, se puede pensar en un tratamiento farmacológico.

La actividad física “ideal” es, ni más ni menos que la que le guste y lo motive, de manera tal que el niño pueda mantener su práctica a lo largo del tiempo, tres veces por semana.