El estrés es un estado casi normal en las demandas del mundo actual, pero cuando se hace crónico, la tensión es cotidiana y se prolonga en el tiempo, no solamente afecta a la persona que lo está sufriendo sino también a sus hijos.

Debido a que el estrés afecta la manera en que el cuerpo procesa la respuesta a las tensiones, puede generar reacciones muy negativas hacia los hijos como dejarlos de lado, ser hostil con ellos o volverse insensible a lo que les pasa.

Es lo que advierten científicos de la Universidad de Rochester, Estados Unidos, luego de hacer una investigación para analizar el tema.

“El estrés cambia la forma en que el cuerpo de la madre responde a las demandas normales de los niños y esas modificaciones hacen que sea mucho más difícil criarlos adecuadamente”, explica la psicóloga Melissa Sturge-Apple.

Tanto Sturge-Apple como sus colegas utilizaron un electrocardiógrafo inalámbrico para medir en tiempo real la respuesta de 153 mujeres que aceptaron participar de la investigación.

El dispositivo midió cambios sutiles en ciertos indicadores, como la frecuencia cardíaca en situaciones difíciles para las madres, ver a sus bebés en manos de un extraño por unos minutos. A continuación, los investigadores filmaron a cada madre con su hijo jugando.

Sturge-Apple notó que el estrés puede generar reacciones exageradas o disminuidas, algo que se refleja en la frecuencia cardíaca o en la forma de tratar a los hijos.

Por ejemplo, una madre que se vuelve muy reactiva por la depresión puede tener hostilidad hacia sus niños mientras que, en el extremo opuesto, están las mujeres que no los atienden cuando requieren atención.

Los científicos dicen haber encontrado una base biológica para estas respuestas. Aseguran que el estrés hace que las madres estén siempre en estado de alerta, muy sensibles a todo lo que causa ansiedad, y que no logren calmarse.

En el extremo opuesto, el estrés puede ser tan alto que sobrecarga el sistema nervioso central de las mujeres transformándolas en hipoactivas. Cuando esto sucede, su frecuencia cardíaca baja, no responden a las necesidades de sus hijos y se vuelven distantes.

“El estrés no está solamente en la cabeza -advierten los especialistas-, también se encuentra en el cuerpo”.

Fuente: Periodismo.com