Un artículo publicado en la revista PLoS Medicina, afirma que todos los países del mundo se ven afectados por la carga de los trastornos mentales, neurológicos y por uso de sustancias (MNS por su sigla en inglés). Sin embargo, aquellos que los sufren enfrentan discriminación y abusos en derechos humanos.

“Ha llegado el momento de reconocer en los altos niveles de desarrollo global, es decir en la Asamblea General de la ONU, la necesidad urgente de una estrategia global para la carga de los desórdenes MNS”, afirma el artículo, cuyos autores principales son Vikram Patel, de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres y Judith Bass, de la Escuela de Salud Pública John Hopkins en Estados Unidos.

El artículo argumenta, además, que se necesita inversión en tres áreas claves: conocimiento de los desórdenes de salud mental, acceso a programas de cuidado y tratamiento basados en evidencia, y protección de los derechos humanos. Además, se pide elaborar una lista de las principales necesidades que deben ser atendidas y los pasos a seguir, presentes en un “Estatuto Popular para la Salud Mental”, en el que realicen aportes familiares, investigadores, responsables políticos y otras partes involucradas.

Proyecciones. Según los autores del mencionado artículo, los desórdenes neuropsiquiátricos supondrán un gasto de 16,1 billones de dólares globales en las próximas dos décadas, impactando gravemente en la productividad y la calidad de vida, particularmente, de la población mayor.

La publicación menciona que un total de 25 millones de personas tienen demencia en el mundo. La cifra se multiplicará hasta alcanzar los 80 millones en el año 2040, con casi un 75% de los pacientes dementes concentrados en países de ingresos bajos o medios.

Por su parte, los suicidios son responsables de un millón de vidas al año y casi un 4% de todas las muertes del mundo son atribuibles al alcohol.

La enfermedad mental también induce comportamientos arriesgados que terminan en enfermedades. “Los desórdenes depresivos incrementan marcadamente el riesgo de enfermedades no transmisibles, como diabetes, enfermedades cardiovasculares, derrames cerebrales y demencia.

Los conflictos, los desplazamientos, la pobreza, la violencia de género y otros determinantes sociales incrementan el riesgo de transtornos MNS”, afirma el artículo.

“Estos desórdenes están, a su vez, asociados con un empeoramiento de las circunstancias sociales y económicas, estableciendo un círculo vicioso de pobreza y enfermedad. El hecho de que afecten a personas en todos los países debería de ser un incentivo para inversiones tanto del sector público como privado. La mayoría de los gobiernos mundiales deberían acordar que esta cuestión es lo suficientemente importante como para merecer una sesión especial de la Asamblea General de Naciones Unidas”, concluye.