El 21 de junio comienza oficialmente el invierno, pero los primeros fríos intensos ya se hacen sentir y, con el descenso de temperatura, también aparecen las alergias y patologías estacionales.

Si bien alergias y enfermedades del invierno pueden confundirse, cada una tiene sus características y tratamiento particulares. En el primer grupo, los síntomas más frecuentes poco después de haber tomado contacto con la sustancia que produce la alergia son picazón en nariz, boca, ojos, garganta, piel o en cualquier área, problemas con el olfato, secreción nasal, estornudos y ojos llorosos; y en una segunda etapa surgen la congestión nasal, tos, oídos tapados y disminución del sentido del olfato, dolor de garganta, hinchazón debajo de los ojos, fatiga, irritabilidad y dolor de cabeza.

En la mayoría de los casos de alergia, tras pruebas cutáneas y un examen de laboratorio (hemograma), los profesionales indican antihistamínicos que permiten mejorar y aliviar las reacciones de forma rápida y efectiva. En situaciones específicas, se prescriben corticoesteroides nasales en aerosol o vacunas, cuando los síntomas son difíciles de controlar.

Por su lado, las patologías típicas del frío, que afectan sobre todo a niños menores de cinco años y adultos mayores, incluyen resfrío, gripe, bronquitis, faringitis y neumonía, así como también intoxicaciones por monóxido de carbono.

Dentro de este grupo de enfermedades, causadas generalmente por virus y bacterias, el resfrío es la más leve, con una duración de tres a cinco días, mientras que la gripe, la bronquitis – especialmente la aguda –, y la faringitis requieren tratamientos más puntuales, en tanto que la neumonía se constituye como la principal causa de internación en esta época del año.

Frente a este panorama, el Dr. Silvio Luis Aguilera, Director Médico de vittal, comparte consideraciones y consejos para evitar el contagio y propagación de gérmenes:

– Ventilar la casa diariamente durante aproximadamente unos 20 minutos.

– Cubrirse la boca al toser o estornudar usando el antebrazo, no las manos.

– Lavarse las manos de manera habitual con agua y jabón.

– Evitar los cambios bruscos de temperatura.

– En caso de integrar alguno de los grupos más vulnerables, como adultos mayores, niños o embarazadas, vacunarse contra la influenza y el neumococo es la medida de prevención más eficaz.

– Evitar el contacto directo con personas contagiadas.

– Consumir alimentos con alto porcentaje de vitamina C.

– Utilizar siempre pañuelos descartables para no estar constantemente “reinfectándose” las propias manos.