No existe ningún examen que sirva para diagnosticar la enfermedad de Alzheimer, pero generalmente se la puede diagnosticar en las primeras etapas, según la valoración de los síntomas y junto a una variedad de análisis y exámenes. Buscar atención médica en cuanto empiezan a notarse los síntomas del Alzheimer es fundamental para diagnosticar oportunamente.

El primer síntoma más común de la enfermedad de Alzheimer es el olvido. No obstante, puede ser complicado distinguir entre la pérdida de memoria debida a la edad y la que es producto del Alzheimer.

A medida que la gente envejece, disminuye en el cerebro la cantidad de células o neuronas. Eso puede hacer difícil aprender nuevas cosas o recordar palabras conocidas. Los ancianos pueden, por ejemplo, tener dificultad para recordar los nombres de personas conocidas o problemas para encontrar los lentes de lectura o las llaves del auto. Sin embargo, en la mayoría de casos, esas lagunas mentales no son señales del comienzo de la enfermedad de Alzheimer.

El tipo de olvido que es preocupante implica olvidar información que antes siempre se hubiese recordado. Por ejemplo, faltar a un evento social preferido como el juego semanal de golf, o pasar por alto en el calendario algo que una persona normalmente hubiese considerado prioritario como una cita médica. Si eso ocurre de vez en cuando, posiblemente no sea motivo de preocupación; pero cuando alguien empieza con regularidad a tener problemas para hacer esas conexiones, entonces es hora de ir al médico.

Una evaluación médica asimismo viene al caso cuando las lagunas mentales conducen a problemas en la vida cotidiana o empieza a haber dificultades para realizar tareas mentales. Por ejemplo: sentirse abrumado o confundido por tener que tomar decisiones; tener dificultad para conducir; irritarse o enfadarse cuando es necesario concentrarse mentalmente para terminar un trabajo; perderse camino a lugares conocidos; y/o tener problemas para seguir instrucciones paso a paso.

Otra señal temprana de advertencia sobre la enfermedad de Alzheimer puede ser un cambio en el comportamiento o en la personalidad, como por ejemplo, cuando una persona normalmente extrovertida se aísla de sus amigos y familiares, rehusándose a tener contacto social. La depresión y otros cambios de humor también pueden ser síntomas tempranos del Alzheimer.

Cuando después de revisar los síntomas el médico sospecha que una persona tiene Alzheimer, puede resultar útil hacer algunas pruebas para evaluar tanto la memoria como otras aptitudes del pensamiento y la capacidad funcional de juicio, e identificar los cambios ocurridos en el comportamiento a fin de determinar si la enfermedad de Alzheimer es la culpable. Hablar con los familiares sobre las capacidades cognitivas y funcionales de una persona, así como acerca de sus comportamientos diarios y cómo han cambiado a través del tiempo también suele resultar fructífero.

Los exámenes por imágenes y los análisis de laboratorio muestran lo que ocurre en el cerebro. Las imágenes del cerebro obtenidas mediante tomografía computarizada, resonancia magnética u otro tipo de exploración pueden mostrar una reducción de las neuronas o el desarrollo de proteínas conocidas por contribuir al Alzheimer. Los análisis de laboratorio pueden ayudar a descartar otros trastornos que producen síntomas similares a los de la enfermedad de Alzheimer, tal como un trastorno tiroideo o una deficiencia de vitamina B 12. Este tipo de evaluación minuciosa generalmente logra diagnosticar la enfermedad de Alzheimer en las primeras etapas.

El diagnóstico correcto y oportuno es importante porque una vez identificada la enfermedad, los médicos pueden ofrecer medicamentos para ayudar a controlar los síntomas del Alzheimer y posiblemente lentificar el deterioro de la memoria y de otras capacidades cognitivas. Además, saber que uno se enfrenta a la enfermedad de Alzheimer cuando todavía está en las primeras etapas permite a los afectados y sus familiares encontrar maneras de sobrellevarla e invertir tiempo en diseñar un plan para el futuro.