Expertos del Cono Sur remarcaron que el papel de estos nutrientes va mucho más allá de una buena salud ósea, según la evidencia científica disponible. Reducirían el riesgo de obesidad y complicaciones del embarazo. No obstante, todavía es bajo su nivel de ingesta.

El redescubrimiento del calcio y la vitamina D como nutrientes clave, más allá de los huesos, “ha abierto una nueva puerta en el mundo de la nutrición”, señalaron expertos de Argentina, Chile y Uruguay reunidos recientemente en un Simposio donde se examinó la evidencia científica disponible sobre este tema.

Ocurre que a la luz de los últimos hallazgos internacionales, tanto el Calcio como la Vitamina D no sólo son esenciales (el déficit de estos nutrientes en la dieta tiene consecuencias importantes para la salud humana) e imprescindibles para la salud de los huesos, como ya se conocía, sino que también intervienen para mantener una adecuada presión arterial, reducen graves complicaciones del embarazo y contribuyen para sostener o reducir el peso corporal, entre otros beneficios que cuentan con comprobación científica.

El calcio y la vitamina D son dos nutrientes íntimamente relacionados, porque la segunda participa activamente en el metabolismo del calcio. Éste debe ser consumido diariamente, en tanto que, como la vitamina D se encuentra en escasos alimentos, si se requiere su suplementación puede hacerse con dosis diarias o intermitentes según lo prescriba el médico.

Esteban Carmuega, director del Centro de Estudios sobre Nutrición Infantil (CESNI), explicó que “el Calcio y la Vitamina D son dos nutrientes en alguna medida únicos, porque el calcio es tan importante que el organismo cuenta con todo el sistema óseo como banco de reserva de este mineral, en tanto que la Vitamina D se sintetiza en la piel, requiriendo sólo la exposición a la luz solar. Y si bien hasta ahora siempre se asoció al calcio con la salud ósea, en los últimos 30 años la evidencia epidemiológica derivada de importantes estudios longitudinales prospectivos, permitió revalorizar el rol de estos nutrientes en la prevención de hipertensión arterial, la preeclampsia y la eclampsia (complicaciones del embarazo caracterizadas por hipertensión y albúmina en la orina), la salud oral, el cáncer de colon y probablemente el riesgo de obesidad”.

No obstante, gran parte de la población del Cono Sur tiene déficit de estos nutrientes, por diversas causas. “La vitamina D, imprescindible para la salud ósea y por su participación en la regulación de la respuesta inmunológica, de la presión arterial y secreción de insulina, prevención de cáncer, etc., se forma principalmente por exposición a la radiación ultravioleta en la piel. Existe una alta incidencia de déficit de Vitamina D a nivel mundial. En el Cono Sur, la escasa luz solar en las latitudes más meridionales de nuestro continente, como la Patagonia y el Sur de Chile, ocasiona déficit en todas las edades (sobre todo en invierno). En el adulto mayor, al disminuir un 70 por ciento la formación en piel de vitamina D comparado con jóvenes, y en otros grupos de riesgo como neonatos y embarazadas, este déficit es muy importante en todas las regiones, lo que obliga a pensar en la importancia de la suplementación o fortificación con vitamina D”, comentó Beatriz Oliveri, investigadora del CONICET, Laboratorio Enfermedades Metabólicas Óseas INIGEM del Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

En cuanto a la mujer embarazada,  José Belizán, médico especialista en Obstetricia e Investigador Senior del Departamento de Investigación en Salud de la Madre y el Niño del Instituto de Efectividad Clínica y Sanitaria (IECS), indicó que “diversos estudios han comprobado que la ingesta de calcio en las gestantes es baja; la mujer argentina ingiere en promedio 400 mg por día, menos de la mitad de lo recomendado”. Es por eso que “es preciso implementar estrategias alimentarias en estos tres países para aumentar el consumo de lácteos”, coincidieron los especialistas.

Prevenir la mortalidad materna

La Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que diversos estudios clínicos confirmaron que a mayor ingesta de calcio en la mujer embarazada, menores son los trastornos relacionados con la hipertensión en el embarazo. La hipertensión representa una complicación en aproximadamente el 10% de los embarazos en todo el mundo, mientras que la preeclampsia y la eclampsia son las principales causas de la morbimortalidad materna y perinatal, produciendo hasta 40 mil muertes al año. En América Latina y el Caribe, los trastornos hipertensivos producen el 25,7% de las muertes en el embarazo.

Se está investigando además si existe una relación entre mayor consumo de calcio en el embarazo y menor riesgo de hipertensión en el niño, ya que “los estudios que realizamos en nuestro país mostraron que en las madres que habían tenido una ingesta adecuada de calcio, sus hijos mostraron menores cifras de tensión arterial y menos frecuencia de hipertensión en la niñez”, comentó  Belizán. “Si se corroboraran estos resultados, podríamos afirmar que esta buena ingesta de calcio durante el embarazo prevendría además la hipertensión arterial en el niño, una afección cardiovascular que se asocia con morbilidad severa, peor calidad de vida, y mortalidad prematura”, indicó.

Por su parte,  Oliveri informó que “también se ha observado en las embarazadas con deficiencia de vitamina D una asociación con mayor incidencia de preeclampsia, parto pretérmino espontáneo, diabetes gestacional y vaginosis bacteriana”.

Ayuda contra la obesidad

Varios estudios asociaron alta ingesta de calcio con menor peso corporal e inclusive reducción de peso. Se sugirieron dos explicaciones: por un lado, que la alta ingesta de calcio reduciría la concentración de este mineral en las células adiposas, disminuyendo la producción de dos hormonas y así desalentando la acumulación de grasas. Por el otro, el calcio ingerido se adheriría a las grasas en el tracto digestivo previniendo su absorción.

Otros efectos

Salud ósea y osteoporosis

Los huesos aumentan su tamaño y masa durante la infancia y la adolescencia, alcanzando su pico máximo alrededor de los 30 años de edad. A mayor pico de masa ósea, más se podrá retrasar la pérdida de hueso con el correr de los años, debido a la existencia de un “mayor capital inicial”. El déficit o la carencia de calcio conlleva un mayor riesgo de fracturas, puesto que el organismo utiliza las reservas óseas para mantener las funciones biológicas normales, y al envejecer es natural perder hueso. Por tal razón, la ingesta de calcio y vitamina D durante la infancia, la adolescencia y la juventud, es fundamental, junto con la actividad física regular. La osteoporosis es una condición vinculada a la pérdida de hueso, y aumenta el riesgo de fractura de cadera, vértebras, muñeca, pelvis, costilla y otros huesos.

Cáncer de colon y recto

Según datos de estudios observacionales y experimentales, existe evidencia altamente sugestiva que señala que el calcio podría prevenir el cáncer colorrectal. Entre otros, dos importantes estudios epidemiológicos mostraron que los hombres y mujeres que consumían entre 700 y 800 mg de calcio por día tenían un riesgo 40 a 50% menor de desarrollar cáncer de colon izquierdo.

Presión arterial e hipertensión

Varios estudios clínicos demostraron que a mayor ingesta de calcio, menor es la presión arterial y el riesgo de hipertensión, y hallaron que el mayor beneficio se observa en dietas vegetarianas ricas en fibra y minerales (calcio, magnesio y potasio) . El estudio Dietary Approach to Stop Hypertension (DASH) halló que fue esta la alimentación que logró una mayor reducción de la presión arterial.

Calcio

El calcio es uno de los minerales más abundantes en el organismo, y es el componente por excelencia de los huesos y dientes. Puede ingerirse a través de alimentos y suplementos dietarios. Interviene, entre otras funciones, en la contracción y dilatación vascular, el movimiento muscular, la transmisión nerviosa, la secreción de hormonas y la comunicación intracelular. Para efectuar estas funciones metabólicas se requiere menos del 1% del total del calcio corporal, que se guarda en los huesos a modo de reserva permanente de este mineral vital.

La vitamina D, sol o no sol

La vitamina D es un nutriente de características únicas: puede obtenerse tanto por medio de la alimentación como por acción de la luz solar sobre la piel. Es la compañera indispensable del calcio, y su carencia provoca serios trastornos óseos, desde raquitismo en niños hasta osteoporosis en adultos.

La OMS recomienda exponer la cara y los brazos al sol durante unos 30 minutos al día, evitando quemarse, para lograr una producción adecuada de vitamina D. El excedente se almacena en el tejido graso, pero por lo general las reservas no duran todo el invierno, en particular en latitudes extremas, donde la luz solar no es tan intensa como para producirla en cantidad suficiente. Además, si la exposición al sol es escasa, o se produce estando completamente vestidos o cubiertos de protector solar, la síntesis de vitamina D no se produce en forma suficiente. Es entonces cuando cobra vital importancia el aporte de vitamina D a través de la alimentación.

Las principales fuentes alimentarias de vitamina D incluyen: hígado de pescado, aceites de hígado de pescado, pescado azul, yema de huevo, y alimentos enriquecidos como los cereales.

El calcio y la vitamina D se encuentran relacionados porque la segunda facilita la absorción del primero, y disminuye su excreción. A diferencia del calcio, la vitamina D, si bien puede ser consumida, debe ser sintetizada por el organismo en la piel a partir de un precursor, lo que ocurre cuando la epidermis se expone debidamente a la luz solar. El hombre ha nacido para estar expuesto al sol, y prueba de ello es que la vitamina D se encuentra preformada en pocos alimentos. No obstante, existen dos importantes obstáculos para exponerse al sol que pueden requerir mayor aporte dietario de vitamina D: por un lado, el mayor riesgo actual de sufrir consecuencias derivadas de la incorrecta exposición a los rayos solares (cáncer de piel, envejecimiento cutáneo y otras), y por el otro, las diferencias de luz solar y grados de exposición en un continente que abarca desde el Trópico (con alta incidencia de los rayos solares) hasta la Patagonia, donde la luz del sol llega más debilitada. En casos como este último, para evitar deficiencias es conveniente ingerir más vitamina D mediante alimentos o directamente a través de suplementos dietarios.

 

Fuente: CESNI e Instituto Danone