Tests para las personas que padecen condiciones respiratorias o cardiovasculares

La presión de aire ligeramente menor que existe durante un viaje en avión puede representar una condición de riesgo para personas que padezcan alguna enfermedad cardiorrespiratoria, pero existen chequeos que permiten evaluar previamente ese riesgo en cada persona.

La altura a la que se encuentra un avión en vuelo crucero oscila entre 9.000 y 13000 metros, dependiendo de las distancias. En esas circunstancias la presión atmosférica es tan baja que el interior del avión debe ser presurizado a medida que asciende para garantizar la seguridad y el confort de los ocupantes. De todas maneras, la presión generada en el interior del avión es de alrededor de un 75% de la que hay a nivel del mar, lo cual implica una disponibilidad de oxígeno considerablemente menor que en tierra. Y eso, según aseguran especialistas de la Asociación Argentina de Medicina Respiratoria (AAMR), puede representar “un verdadero riesgo en pacientes con dificultades respiratorias”.

“En pasajeros con afecciones cardiorrespiratorias tales como la enfermedad pulmonar obstructiva crónica o EPOC, fibrosis pulmonar, insuficiencia cardíaca, enfermedad coronaria, o también con enfermedad cerebrovascular, estas condiciones pueden traer complicaciones de diversa severidad”, advierte Santiago Arce, médico neumonólogo, coordinador del área de Fisiopatología y Laboratorio Pulmooar de la AAMR.

La presión y el oxígeno

Los trastornos en circunstancias de un viaje en avión pueden surgir, según explica Arce, por dos mecanismos: la hipobaria, que es como se conoce a la baja presión atmosférica, y la hipoxia relativa, que es la baja cantidad de oxígeno disponible. “Esta última –puntualiza el especialista– puede ocasionar síntomas tales como la falta de aire, palpitaciones, confusión, mareos, convulsiones, dolor de pecho, infarto de miocardio, y hasta un accidente cerebrovascular”, o ACV.

Por eso estima necesario determinar quiénes tienen riesgo real de complicaciones durante el vuelo, por lo cual recomienda que “antes de viajar, deben consultar a su neumólogo y realizar el chequeo correspondiente”.

Esa evaluación incluiría un cuestionario, el examen físico y ciertas pruebas específicas, según los antecedentes clínicos de la persona: electrocardiograma, gasometría arterial, espirometría u otros estudios respiratorios.

“En aquellas personas en las que, a pesar de estas evaluaciones siguen quedando dudas, se puede recurrir a pruebas más sofisticadas que simulan las condiciones existentes en la cabina de un avión y evocar, de manera controlada, algunos de los síntomas que puede desarrollar el pasajero durante el viaje”, señaló Arce.

La resistencia a la presión

El especialista habla acerca de dos técnicas para simular experimentalmente el efecto de lo que puede ocurrir arriba de un avión en altura: la hipoxia hipobérica (con baja presión) y la normobárica (con presión normal).

La hipoxia hipobárica precisa de cámaras hipobáricas, que son de alto costo y están escasamente disponibles. La segunda, en cambio, se logra mediante una concentración de oxígeno que simula las condiciones existentes en la cabina del avión y puede ser realizada en un laboratorio de función pulmonar adecuadamente equipado.

¿En qué consiste? El especialista explica que en este método se monitorean diversas variables respiratorias y cardiológicas: “Esta técnica está estandarizada y no sólo establece cuáles pasajeros tienen mayor riesgo de complicaciones, sino que permite recomendar la prescripción de oxígeno en vuelo sobre una base objetiva –señala–. Adicionalmente es posible establecer cuál va a ser el flujo de oxígeno suplementario necesario para mejorar la oxigenación del pasajero y alejar el riesgo de complicaciones”. Una adecuada evaluación de las personas que se encuentren con alguna de las mencionadas condiciones de riesgo ser fundamental para prevenir emergencia en vuelo, aseguró Arce.

 

Fuente: Castropol