Todos los deportes implican un esfuerzo físico importante que muchas veces deriva en lesiones musculares o de ligamentos. Hacer un precalentamiento previo y post deportivo, elegir a los compañeros de rutina y realizar un chequeo físico previo, contribuyen a reducirlas y nos prepara para el próximo entrenamiento de la mejor forma.

Según un informe de la International Health, Racquet & Sportsclub Association (ILRRSA), el 5,7% de la población argentina (unos 2,3 millones de personas) asiste a algún gimnasio o centro de fitness, lo que representa el índice más alto de América latina. Esto, sumado a la pasión local por el fútbol amateur y la más reciente moda del running o maratonismo, hace que cada día más personas comiencen alguna rutina de actividad física. Una buena noticia para la salud de la persona, siempre que se tomen precauciones para evitar daños y malestares.

Jugar al fútbol, al tenis o esquiar pueden convertirse también en una verdadera pesadilla si quien practica el deporte no está preparado físicamente. Incluso, y más aún, en deportistas de alto rendimiento, es frecuente ver lesiones, a veces irreversibles, que postergan carreras deportivas.

Es importante saber que una de las medidas fundamentales para que esto no ocurra es preparar el cuerpo, precalentarlo y estirarlo. Y que a mayor edad o mayor intensidad del ejercicio, mayor es la preparación que se requiere.

Preparar los músculos significa acondicionarlos a la temperatura de trabajo adecuada, lubricados, irrigarlos, y permitir que adquieran la longitud apropiada.

La elongación (sinónimo de alargamiento y estiramiento) se debe hacer antes y después de la actividad deportiva, por motivos diferentes en cada caso.

Lesiones crónicas y agudas

“Las lesiones deportivas se ocasionan en la práctica de un deporte o ejercicio físico, ya sea de manera accidental o como resultado de malas posturas, falta de entrenamiento o utilización inapropiada de equipamiento como pesas, aparatos de musculación, entre otros. Ocurren tanto a los deportistas profesionales como en el ámbito amateur, especialmente a quienes no están en buena condición física general”, señala Christian Perrotto, traumatólogo y miembro de la Clínica para el Diagnóstico y Tratamiento de Patología de Hombro, Codo y Mano en la ciudad de Buenos Aires.

De acuerdo a lo explicado por el profesional, las lesiones deportivas más comunes son golpes, fracturas, dislocaciones, esguinces, torceduras y desgarros de músculos o tendones. “Si bien existen distintas clasificaciones, se puede decir que existen dos tipos de lesiones deportivas: agudas y crónicas. Las lesiones agudas ocurren repentinamente mientras se está jugando o haciendo ejercicio por lo que se manifiestan con un dolor grave repentino, hinchazón, imposibilidad de mover la articulación. En tanto, las lesiones crónicas se ocasionan en la práctica permanente de un deporte por un largo tiempo y, por ende, la persona siente dolor mientras realiza la actividad física e incluso el malestar permanece aún al estar en reposo”.

Actualmente, la ciencia y la técnica han avanzando notablemente en el tratamiento de las lesiones deportivas, lo que permite una mejor recuperación y retomar la actividad prontamente. Sin embargo, el mejor consejo es siempre la prevención. Para evitar una lesión es preciso considerar el tipo de actividad, la duración e intensidad, la experiencia previa, entre otras.

Lo básico a tener en cuenta

Para evitar lesiones deportivas el especialista aconseja tener en cuenta aspectos que muchas veces no tienen relación con la actividad física concretamente pero sí con el entorno. Por ejemplo:
• Concurrir a un médico para realizar un chequeo general antes de empezar a practicar deportes o actividad física en general.
• Realizar ejercicios de precalentamiento y elongación antes de iniciar cualquier actividad física, ya que el cuerpo necesita prepararse para realizar movimientos más intensos y comprometidos.
• “Escuchar” al cuerpo y no sobreexigirlo, especialmente si se retoma la actividad física luego de un período prolongado de inactividad. En este caso, la reanudación debe ser progresiva y gradual para que cada parte del cuerpo (músculo, articulación, aparato respiratorio) pueda ir aumentando su resistencia y desempeño.
• No concentrar todo el ejercicio en un solo día: conviene preferir distintos momentos de actividad física a lo largo de la semana como, por ejemplo, caminatas diarias de media hora.
• Utilizar indumentaria, calzado y accesorios (equipo protector, guantes) adecuados para el deporte o actividad física elegida para evitar impactos o esfuerzos desmedidos.
• Hacer una rutina para todo el cuerpo incluyendo ejercicios cardiovasculares, de fortalecimiento y de flexibilidad.
• Al finalizar, realizar la rutina de elongación y respiración indicada para recuperar el estado general (pulsaciones, ritmo cardíaco, tonicidad muscular,).
• Elegir actividades y compañeros acordes a cada edad, contextura física y performance o experiencia previa.
• Tener en cuenta el espacio físico y buscar un entorno seguro para la práctica deportiva. Asimismo, conviene controlar la temperatura ambiental para evitar momentos de máximo frío o calor.
• Frente a una lesión aguda, el primer consejo es dejar de realizar la actividad de manera inmediata y aplicar como primera medida hielo (en el área lesionada por 20 minutos, de cuatro a ocho veces al día), elevar el área lesionada para reducir la hinchazón, permanecer en reposo y reducir las actividades habituales en las que interviene la zona afectada. Si luego de 48 horas, el dolor u otros síntomas empeoran, se debe recurrir de inmediato a un médico especialista quien según la severidad y tipo de lesión recomendará el tratamiento más adecuado (farmacológico, traumatológico o quirúrgico).
• Completar la rehabilitación posterior al tratamiento por la lesión antes de retomar la actividad para evitar nuevas lesiones.

Fuente: Castropol