“La rehabilitación de la demencia no es una utopía”, dicen Verónica Goicoechea y Ana Laura Buhlmann, integrantes del área de trastornos cognitivos del Instituto Kermer.

Las especialistas explican que el adecuado funcionamiento de la memoria depende de una compleja interacción de variables biológicas, psicológicas y sociales. El cerebro adulto es elástico y mantiene la capacidad de aprendizaje aún en edad avanzada.

La neurorehabilitación cognitiva es considerada el segundo pilar del tratamiento después de los medicamentos específicos para cada patología.

Metodología. Lo primero que hacen los especialistas es lo que se conoce como intervención, que incluye evaluación neuropsicológica, la historia personal del paciente y las necesidades y dificultades actuales. Todo esto permite conocer cuál es el grado de deterioro cognitivo.

Luego, todo el plan de trabajo está orientado a tres objetivos. El primero de ellos es la propia rehabilitación neurocognitiva, que se lleva a cabo entrenando a los pacientes para que puedan tener estrategias de codificación y recuperación de la información (memorización).

“Para ello utilizamos las funciones que la persona mantiene intactas y buscamos que logre reemplazar la función deteriorada por otra conservada”, explica Goicoechea.

También se utiliza la reminiscencia (recuerdos), lo cual se estimula mediante objetos antiguos, grupos de conversación sobre un centro de interés e imágenes de hechos pasados. 

Por último, se acude a la compensación, que requiere de elementos externos como borradores, anotadores, etc.

El segundo objetivo es la estimulación conductual que busca que el paciente adquiera nuevas destrezas, elimine o reduzca comportamientos que generan malestar y perfeccione o adecue sus conductas a las exigencias del contexto.

“Las demencias hacen que las personas que las padecen cambien su personalidad, encuentren dificultades en las tareas cotidianas y en las relaciones con su círculo social. Este objetivo busca generar estrategias para manejar esto”, dice Buhlmann.

El último punto sobre el que se pone énfasis es la intervención familiar. “Se busca que todo el círculo íntimo del paciente comprenda, acepte y aprenda  manejar esta enfermedad”; explica Janus Kremer, médico psiquiatra y director del Instituto Kremer.

La actividad cognitiva constante favorece al enlentecimiento del declive general. Mantenerse activo contribuye a una mejor calidad de vida y el estado anímico se encuentra asociado a la independencia funcional.