Por:  Marcos A. Diaz
Immunonutrition Group – Department of Metabolism and Nutrition
ICTAN – National Research Council (CSIC) – Spain

La prevalencia de alergias alimentarias ha ido en aumento en los últimos años. Aunque la mayor parte de la población puede consumir una gran variedad de alimentos sin que estos perjudiquen su salud, existe un pequeño porcentaje de individuos a los que determinados alimentos -o componentes de alimentos- pueden provocarles reacciones adversas.

El término “reacciones adversas a los alimentos” incluye tanto a las alergias alimentarias (reacciones mediadas por el sistema inmune) como a las intolerancias alimentarias (donde el sistema inmune no está involucrado a priori). Todas ellas tienen un gran impacto en la calidad de vida.

Son muchos los factores que pueden aumentar el riesgo de padecer alergias alimentarias:  la predisposición hereditaria, la exposición a los alergenos (antígenos que causan la alergia) alimentarios y medio ambientales (como polvo, pólenes, polución y tabaco a edades tempranas), hasta la deficiencia inmunitaria de inmunoglobulina A (IgA) y el daño de la barrera de la mucosa intestinal por patologías como la gastroenteritis y la malnutrición.

Algunos de los síntomas asociados con las alergias alimentarías son: manifestaciones cutáneas (urticaria, angioedema o dermatitis atópica), problemas digestivos (vómitos, diarrea), alteraciones respiratorias (asma u otitis), anafilaxia y otras complicaciones. La leche, huevos, pescados, frutas y hortalizas y legumbres son algunos de los alimentos más comunes cuyo consumo se relaciona con más procesos alérgicos.

Los  síntomas clínicos de la alergia alimentaria son múltiples -como se ha visto- y dependen de diversos factores como la especificidad del antígeno, predisposición genética del individuo, edad, lugar de exposición (órgano o sistema afectado) y los mecanismos patogénicos implicados (anticuerpos anti IgE, inmunidad mediada por células T, sistema del complemento).

La estrategia para contrarrestar la alergia alimentaría consiste en la educación del paciente para evitar la ingesta del alimento o alergeno responsable y precisar la terapia sintomática, si ya ha sido ingerido. Antes de suprimir alimentos de la dieta, el individuo debe ser adecuadamente diagnosticado.

La eliminación del alimento relevante no es tan fácil y es muy importante leer el etiquetado correctamente, ya que en él quedan reflejados los ingredientes y aditivos incluidos en el producto.

Actualmente se está investigando una amplia variedad de estrategias terapéuticas y se espera que con un mayor conocimiento de los factores responsables de las reacciones adversas se puedan aplicar tratamientos adecuados.