Si se alimenta bien y se mantiene activo … va por buen camino!

Dr. Stephen Kopecky, Enfermedades cardiovasculares de Mayo Clinic en Rochester, Minnesota.

Alimentarse bien y mantenerse activo son dos buenas maneras de controlar la presión arterial. No obstante, existen otras medidas que puede tomar, las cuales no solamente marcan una diferencia, sino que podrían eliminar la necesidad del medicamento para la presión arterial.

La presión arterial es la medida de la resistencia que enfrenta la circulación sanguínea en todas las arterias y se registra con dos cifras: una superior y otra inferior. La cifra superior se conoce como presión sistólica y corresponde a la presión existente en las arterias cuando el corazón late; mientras que la cifra inferior es la presión diastólica, o sea la presión existente en las arterias cuando el corazón descansa entre uno y otro latido.

Por lo general, se habla de presión arterial alta cuando la cifra superior está sobre 140 o la inferior supera de 85. La presión arterial alta puede derivar en problemas médicos graves, tales como trastornos renales, ataque cardíaco, accidente cerebrovascular e insuficiencia cardíaca, entre otros.

A fin de mantener controlada la presión arterial, a menudo se recurre a los medicamentos; sin embargo, eso podría no ser necesario para todos los que padecen de hipertensión. Se calcula que de quienes actualmente toman medicamentos para la presión arterial en Estados Unidos, por lo menos 25 por ciento podría no requerirlos si hiciese algunos cambios en su estilo de vida.

Una de las mejores cosas que pueden hacerse para la presión arterial es alcanzar un peso sano y mantenerlo. El peso marca una gran diferencia en la presión arterial porque cada libra que uno gana equivale a cinco millas (8 km) más de vasos sanguíneos por los que el corazón debe bombear sangre. A fin de cumplir con esa demanda adicional, el corazón trabaja más y a medida que lo hace, la presión arterial sube. La presión arterial baja cuando se pierde peso, aunque solo sean pocas libras.

Una alimentación saludable es clave para lograr un peso sano y también beneficia a la presión arterial. En especial, uno debe ingerir por lo menos cinco porciones diarias de frutas y verduras, además de reducir la cantidad de sal en la alimentación porque ésta hace retener líquido al cuerpo y mientras más líquido haya en el organismo, mayor es la presión arterial. Los alimentos procesados y/o empacados, así como la comida rápida contienen gran cantidad de sal; por ello, procure al máximo comer alimentos preparados con ingredientes frescos, sin sal añadida.

Perder peso también puede combatir a otro factor que contribuye a la presión arterial alta: la apnea del sueño. De todas las personas con hipertensión, aproximadamente el 50 por ciento también sufre ese trastorno del sueño, que cuando se deja sin tratar, puede dificultar el control de la presión arterial. Si usted ronca fuerte, deja brevemente de respirar durante el sueño, se despierta cansado o sufre ataques importantes de somnolencia diurna, considere someterse a una evaluación de la apnea del sueño.

La actividad física también ayuda a reducir la presión arterial. A medida que uno se mueve, los vasos sanguíneos se abren para permitir que más sangre circule y permanecen así abiertos durante un rato después de terminada la actividad. Como parte de su actividad, considere participar en el entrenamiento a intervalos, que consiste en alternar períodos de actividad intensa con actividad más ligera, porque se ha demostrado que ese tipo de ejercicio abre mejor las arterias que la actividad realizada solamente de forma estable y continua.

Además, restrinja la cantidad de cafeína y alcohol que consume a diario y no fume. Con el transcurso del tiempo, la cafeína, el alcohol y el tabaco pueden estrechar y endurecer los vasos sanguíneos, aumentando así la presión arterial.

Por último, dé seguimiento a su presión arterial en casa. Existen varios aparatos que puede usar para medir la presión arterial. Cuando uno usa esas cifras de forma regular, se familiariza más con qué repercute sobre la presión arterial y logra entender mejor cómo controlarla.