Según estimaciones de sociedades e instituciones de medicina reproductiva, el 20% de las parejas argentinas no puede tener hijos.

En el 30% de los casos las causas de la infertilidad son femeninas, en otro 30% son masculinas, y en el resto se trata de causas combinadas.

Entre los cientos de motivos de la infertilidad se encuentran la mala calidad o baja cantidad de óvulos o espermatozoides.

Quienes recurran a los tratamientos de fertilidad asistida tienen la posibilidad de lograr ese embarazo tan deseado a través de la donación de óvulos o espermatozoides, es decir, a través de gametas de otra persona.

En el caso de los espermatozoides, se puede recurrir a un banco de semen o a un donante espontáneo para conseguirlos. Si se trata de óvulos, se recurre directamente a una donante.

Esto significa que la mitad carga genética del bebé que nacerá luego de este tratamiento será de uno de sus padres, mientras que la otra mitad será de él o la donante.

¿Hijos de quién? Esta es la pregunta que genera debate en diferentes ámbitos de la opinión pública cuando se habla de medicina reproductiva.

“Es muy difícil para la mayoría de la sociedad, y más aún para una pareja,  asumir la opción de utilizar óvulos donados o espermatozoides traídos de un banco de semen para poder formar una familia. Pero me animo a asegurar que todas las preguntas encuentran su respuesta cuando el análisis de embarazo da positivo o se escuchan los latidos del corazón del bebé dentro de la panza de su mamá”, dice César Sánchez Sarmiento, ginecólogo especialista en fertilidad asistida y director médico de Nascentis Medicina Reproductiva.

Por su parte, Soledad Expósito, psicóloga especializada en fertilidad e integrante del staff médico de Nascentis, cuenta que  cuando los padres se enteran que necesitarán de óvulos o espermatozoides donados para lograr el embarazo, o que tendrán que someterse a otro tipo de tratamiento, la primera reacción suele ser muy variada.

Expósito explica que, desde lo psicológico, hay distintas significaciones que van desde el mecanismo de la negación hasta la decisión tomada madura y organizadamente teniendo en cuenta lo que esto implica, tomándose el tiempo para pensarlo.

También afirma que es lógico que, luego de que el bebé nace, los papás se preguntes si es necesario contarle la verdad sobre su origen.  “El ocultamiento deliberado de una información tan importante siempre genera conflictos posteriores o disfunciones familiares. La verdad debe ser dicha siempre y el momento adecuado es cuando los niños comienzan a preguntar”, afirma.