Un nuevo estudio realizado en los EE.UU. aportó nuevas evidencias acerca de la relación entre los padecimientos psíquicos y la salud cardiovascular. Uno de los peligros es que existe un círculo vicioso, porque la depresión se vuelve común e las personas que han sufrido un infarto.

“Un estilo de vida sedentario, el estrés y los problemas psicosomáticos como la depresión no deben subestimarse”, advirtió recientemente Charles Chambers, presidente electo de la Sociedad de Angiografía e Intervenciones Cardiovasculares estadounidense, al referirse al impacto que estos tres factores pueden tener sobre la salud cardiovascular. El sedentarismo es perjudicial para el corazón; el estrés también. ¿Y los problemas psíquicos? Varios estudios venían advirtiendo ya lo que el sentido común intuía: que una mayor ocurrencia de eventos cardiovasculares no sólo podía estar relacionada con estados patológicos del alma, sino que además hay ciertos rasgos del carácter de una persona que pueden hacerlo más propenso, por ejemplo, a sufrir un infarto de miocardio. Y ahora, un reciente estudio cuyas conclusiones publicó la revista especializada Psychosomatic Medicine confirma que la depresión aumenta el riesgo de sufrir un infarto de miocardio.

O bien, puesto en términos positivos, que el tratamiento de la depresión reduce el riesgo de desarrollar enfermedades vasculares, como el infarto o el accidente cerebrovascular (ACV). El estudio realizado sobre 235 adultos con diagnóstico de depresión, que no mostraban evidencia de enfermedad cardiaca al inicio del estudio y que recibieron antidepresivos y psicoterapia tuvieron un riesgo de ataque cardiaco o ACV aproximadamente un 50% menor durante los 8 años durante los cuales fueron evaluados.
Hace mucho que los profesionales de la atención de la salud saben que la depresión es un factor de riesgo del ataque cardiaco y el ACV, ero pocos estudios han observado si el tratamiento para la depresión puede reducir el riesgo de problemas cardiovasculares, destacó Jesse Stewart, profesor asociado de psicología de la Universidad de Indiana, Estados Unidos, y principal autor del estudio. “En última instancia, esta línea de investigación podría producir un nuevo método para la prevención de las enfermedades cardiovasculares”, agregó el investigador.

Según explicó Stewart, la depresión se vincula con un aumento en la inflamación, que es un factor de riesgo conocido de las enfermedades cardiacas. Además, agregó, “las personas que padecen depresión también podrían ser más propensas a fumar, a ser menos activas físicamente, a tener una dieta peor y a cumplir menos con los medicamentos”, señaló Stewart. Y todas esas conductas aumentan el riesgo de ataque cardiaco y ACV, de ahí que al tratar la depresión se eviten conductas perniciosas para la salud del aparato circulatorio.

Un círculo vicioso

“La depresión es muy común en los pacientes que han sufrido ataque cardiaco”, agregó Chambers. Y viceversa. No solo la depresión favorece el desarrollo de la enfermedad cardíaca, sino que también la depresión puede ser producto de un evento cardíaco. Diversos estudios han mostrado que las personas con depresión tienen el doble de probabilidades de desarrollar enfermedad arterial coronaria, mientras que las personas que ya padecieron enfermedad cardíaca tienen el triple de probabilidades de sufrir depresión que otras personas. Se ha estimado que una de cada cinco personas, luego de un paro cardíaco, experimentará depresión.

“La sensación de vacío y desesperanza que sobrevienen luego de un infarto hacen que entre el 30 y el 40% de las personas que lo sufren desarrollen depresión”, explicó  Jorge Tartaglione, jefe del Servicio de Prevención y Calidad de Vida del Hospital Churruca, ubicado en la ciudad de Buenos Aires, quien destacó que “es necesario que tanto el paciente como su familia aprendan a convivir con la situación que se presenta tras un infarto. En ese sentido, la información es la clave para que los afectados por un infarto se recuperen física y psicológicamente”.

En cuanto al ACV, el vínculo con la depresión también ha sido estudiado. Tras evaluar a 2124 hombres durante 14 años, un grupo de investigadores de la Universidad de Bristol (Reino Unido), concluyeron que quienes padecen depresión y ansiedad son tres veces más proclives morir de un accidentes cerebrovascular (ACV). Los distintos estudios han llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a concluir que los cuadros depresivos cuadruplican el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares y cerebrovasculares.

 

Fuente: Castropol