Una primera fractura, sin explicación aparente y sufrida a cualquier edad, es síntoma inequívoco de fragilidad ósea.

Si una persona cae desde su propia altura, tiene un traumatismo leve o moderado y, como consecuencia, se fractura un hueso, debe consultar de inmediato a un médico porque se trata del factor de riesgo más importante para una segunda fractura.

Una primera fractura es síntoma suficiente, complejo, invalidante, doloroso y repetible que obliga a abordar la problemática no sólo desde la atención de la afección actual sino, especialmente, desde la prevención a futuro.

Los especialistas aseguran que una primera fractura aumenta considerablemente el riesgo de sufrir nuevas. Una persona que sufrió una fractura osteoporótica previa tiene entre 2 a 5 veces más la posibilidad de una nueva lesión.

El riesgo también está condicionado por otras variables que inciden negativamente. La baja ingesta de calcio, el tabaquismo, el sedentarismo y la falta de exposición solar disminuyen la síntesis de vitamina D y favorecen la debilidad ósea.

La columba, un capítulo aparte. Una mención especial merece la fractura vertebral osteoporótica que, pese a ser la más habitual, está altamente subdiagnosticada ya que 2/3 de los casos no presentan manifestación clínica. Por lo tanto, la persona desconoce su existencia.

Sin embargo, una fractura vertebral es un factor predictivo de nuevas fracturas osteoporóticas, especialmente de otras vértebras y de cadera, aún más que los resultados de una densitometría ósea o de la edad.

Se estima que 1 de cada 4 mujeres posmenopáusicas con osteoporosis que han sufrido una fractura vertebral, sufrirán una nueva fractura (vertebral o en otra zona) en el plazo de un año.

Adicionalmente, el riesgo de presentar una nueva fractura vertebral se incrementa en relación directa con el número de fracturas previas, independientemente de los indicadores de una densitometría ósea.

Las mujeres con fracturas vertebrales tienen, además, una expectativa y calidad de vida disminuidas ya que este tipo de lesión provoca dolor crónico y limitaciones en actividades cotidianas. De ahí la importancia de acudir a la consulta médica para un diagnóstico precoz y el consecuente tratamiento preventivo.

Prevenir y curar. La prevención de la osteoporosis comienza con un óptimo crecimiento y desarrollo óseo durante la niñez, adolescencia y juventud.

La masa ósea adquirida durante ese período es un factor determinante del riesgo de sufrir fracturas por osteoporosis: a mayor masa ósea máxima, menor es el riesgo de osteoporosis.

El tratamiento para prevenir nuevas fracturas comienza con diversas sugerencias sobre cambios en el estilo de vida: alimentación equilibrada y variada con frutas y vegetales frescos y alimentos ricos en calcio; actividad física que incluya ejercicios que contribuyan al equilibrio, la fuerza y la postura; y hasta tomar medidas para diseñar una casa segura para reducir el riesgo de caídas. Esto se logra evitando el uso de alfombras y cables sueltos, contando con una buena iluminación en todos los ambientes, colocando dispositivos de agarre y antideslizantes en los baños y escaleras.

Es importante también que las personas usen un calzado con taco ancho y suela antideslizante que brinde un buen apoyo, y que realice controles visuales periódicos para la agudeza visual. Si es necesario, se recomienda el uso de dispositivos como bastones, andadores, protectores de cadera en actividades cotidianas.

Medicación. Existe consenso entre la comunidad médica internacional sobre la indicación de antiosteoporóticos en pacientes con una primera fractura cualquiera sea su densitometría ósea.

En la actualidad, existe una serie de opciones terapéuticas que, según se ha demostrado, actúan rápidamente (en el término de un año), preservan la densidad ósea y reducen el riesgo de sufrir fracturas.

También suelen indicarse suplementos de calcio y vitamina D que ayudan a prevenir la osteoporosis y a preservar la densidad ósea y la función muscular.

Otro aspecto importante del tratamiento es el apoyo psicológico y emocional para aliviar la sensación de aislamiento y la depresión que sufren muchos pacientes con osteoporosis severa.

Es importante que la elección del tratamiento se ajuste a las necesidades médicas y al estilo de vida de cada paciente.

La importancia de los huesos. Los huesos están constituidos por proteínas, minerales y vitaminas. Tienen “vida propia”, ya que cuentan con sus propios nervios y vasos sanguíneos.

Los bebés nacen con unos 300 huesos blandos que están formados sobre todo por cartílago.

Durante la niñez y la adolescencia, el cartílago crece y paulatinamente se convierte en hueso duro.

Alrededor de los 25 años, el proceso se completa y es entonces cuando la persona alcanza su pico de masa ósea, condicionado genéticamente aunque determinado por otros factores como la alimentación, la actividad física y las enfermedades.

Los huesos resultan una parte fundamental del cuerpo ya que le otorgan el sostén estructural, protección a los órganos y un espacio a la médula que es donde se generan los glóbulos. Adicionalmente funcionan como un lugar de acumulación de minerales, como el calcio.

Asesoró: Laura Maffei, directora del Centro Médico Dra. Laura Maffei