Reemplazar alimentos nutritivos por snacks, helados o galletitas es la tentación a evitar.

Consejos de especialistas para que los más pequeños de la familia tengan una alimentación equilibrada y saludable. Recomendaciones para poder llevar al aire libre lo mismo que se sirve en la mesa del comedor o la cocina.

El sólo hecho de comer en la playa, a orillas de un lago, en medio de una sierra o simplemente la tarea de armar la vianda para pasar un día fuera de casa, exige creatividad a la hora de elegir y preparar los alimentos. Y también una serie de cuidados para evitar las complicaciones más comunes para la salud en este terreno, como intoxicaciones y problemas estomacales o intestinales.

Sacar la casa por la ventana

La principal recomendación de los especialistas pasa por tratar de reproducir, fuera del ámbito de la casa, prácticamente las mismas comidas a las que están habituados los chicos, pero adaptadas a un ambiente exterior. “En esta época, los chicos se mueven de acá para allá, están en una situación de juego permanente, y no suelen sentarse frente al plato en el comedor o la cocina, como en el resto del año. Hay que agudizar el ingenio para reemplazar ese lugar formal y darles a los chicos comidas sencillas, pero que tengan equivalencia con lo que comen habitualmente –afirmó Edgardo Ridner, especialista y ex Presidente de la Sociedad Argentina de Nutrición (SAN)–. Es importante que, aunque cambiemos un poco las formas, sigan comiendo alimentos básicos como carne, pollo, pescado, vegetales y frutas, y que no caigan en la solución rápida de los snacks y las galletitas. Eso es realmente peligroso para ellos”.
¿Cómo lograr este equilibrio y no morir en el intento? “Se puede cocinar lo mismo que en otras épocas del año, pero adaptado al ambiente exterior”, aseguró Ridner.
Y puso ejemplos: “La carne o el pollo pueden servirse fríos, cortados o procesados en el caso de los más chiquitos, acompañados por verduras, puré o con rodajas de tomate. Puede ir dentro del pan, en un sándwich, o en una preparación que llevemos al lugar donde vayamos dentro de un envase de plástico, donde estén las raciones para toda la familia. Y algo muy práctico y muy nutritivo es la fruta: algunas ni siquiera es necesario pelarlas”.

La hidratación y los lácteos
No sólo hay que tener precaución con los alimentos. La época de calor requiere mayor atención a la hora de hidratarse. Y tanto los chicos como las personas mayores necesitan más recaudos. “En estos meses de calor, transpiramos más para poder conservar la temperatura corporal normal. Y si el agua que eliminamos supera en cantidad a la que ingerimos, vamos a estar frente a un cuadro de deshidratación. Es fundamental tomar el líquido suficiente para evitar deshidratarnos”, señaló Romina Sayar, vicepresidente de la Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas Dietistas (AADYND).
También subrayó que “en el caso de los bebés, los cuadros virales o bacterianos que ocasionen vómitos y diarreas pueden llevarlos rápidamente a la deshidratación”, mientras que los chicos “son muy activos, transpiran más que los adultos y necesitan compensar la mayor pérdida de agua, y a esto se suma que suelen tener una menor percepción de la sed cuando están entretenidos o jugando”.
Ridner también coincidió en este punto: “No hay que desatenderlo –dijo– porque es una cuestión básica para los chicos. Es lo primero que uno, como adulto, debe tener en cuenta en esta época”.

Esenciales y completos

Junto con esto, el especialista remarcó la importancia de los lácteos, en especial por los nutrientes que permiten incorporar al organismo. “Los lácteos no pueden faltar en el menú diario de los chicos. Es muy importante. Y en esta época de calor tal vez sea más fácil, porque los pueden tomar fríos: ya sea leche, chocolatada o yogurt. Es una buena alternativa también para cuando estamos fuera de casa”, remarcó.

Como consejo práctico a las madres agobiadas por el calor, el especialista recomendó: “Una de las cosas más importantes es que los chicos no dejen de comer alimentos saludables para pasar a ´llenarse´ con helados, golosinas o galletitas, simplemente porque sea verano o porque están de vacaciones. No los llenemos de energía ´barata´. Démosle fibras, vitaminas y minerales. Cuidemos más la calidad que la cantidad”.

Para evitar problemas

Uno de los inconvenientes más comunes que pueden presentarse con los alimentos especialmente en la época de verano –aunque en realidad puede ocurrir en cualquier otra época del año–es que haya algún tipo de contaminación, ya sea en el agua o en los alimentos cocidos o crudos.

“Esto puede generar en los bebés y en los niños de uno o dos años enteritis o inflamación intestinal y diarreas –señala Edgardo Ridner, especialista de la Sociedad Argentina de Nutrición–. Es algo muy típico del verano y a veces ocurre porque se dejan los alimentos fuera de la heladera mucho tiempo. En menor medida, puede pasar que los alimentos se deterioren y que nos haga mal por intoxicación con alguna bacteria. Para evitar ambos problemas, el consejo es buscar la seguridad alimentaria: lavar bien los alimentos, no cortar la cadena de frío y no dejarlos mucho tiempo al aire libre ni expuestos a altas temperaturas”.

 

Fuente: Castropol Comunicaciones