La necesidad de beber agua baja en sodio para cuidar el corazón no responde a ninguna recomendación de las instituciones de referencia, con la excepción de aquellas personas con la indicación de una restricción muy severa de sodio, que habitualmente ocurre en determinadas patologías y en situaciones muy específicas.

Algunas personas evitan consumir mucha agua porque temen que los niveles de sodio que contiene sean excesivos. Es frecuente recibir como medida para cuidar la presión arterial, la recomendación de consumir agua baja en sodio (aquellas aguas con menos de 20 mg de sodio cada litro. Sin embargo, tal como refirió el doctor Ricardo Iglesias, médico cardiólogo y ex presidente de la Fundación Cardiológica Argentina, “esta creencia no se enmarca en ninguna evidencia científica.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que el agua no contribuye significativamente en la ingesta total diaria de sodio, excepto en aquellas personas que requieran dietas muy restringidas en este mineral ( Una severa restricción (menos de 400 mg de sodio) sólo se aconseja en muy contadas situaciones clínicas: hipertensión arterial severa y refractaria, insuficiencia cardíaca en CF IV y en pacientes con ascitis por insuficiencia hepática descompensada.

“Las aguas envasadas con un contenido de sodio menor de 20 mg/l, denominadas ‘agua baja en sodio’, son dirigidas específicamente a la población de sujetos con hipertensión arterial. Sin embargo las evidencias actuales indican que debería ser revisada esta afirmación”, afirmó Iglesias.

Para el licenciado Sergio Britos, director del Centro de Estudios sobre Políticas y Economía de la Alimentación (CEPEA), diariamente es necesario consumir aproximadamente 8 vasos de agua. “Sin embargo, ciertos hábitos poco saludables pueden convertir a los líquidos en fuente de nutrientes que deben disminuirse en la dieta, como es el caso del azúcar. Según datos sobre patrones de ingesta de líquidos de nuestra población, la mitad de lo que se bebe son bebidas e infusiones azucaradas, de tal manera que cada día los líquidos aportan 200 calorías ocultas y de escaso valor nutricional en escolares, y 400 calorías en adultos, cifras por demás significativas. Esto es a lo que verdaderamente debemos prestarle atención cuando consideramos los patrones de ingesta de bebidas, no a la presencia de sodio en el agua. El consumo de aguas no es de ningún modo un factor de riesgo de exceso de sodio en la dieta”.

En el Código Alimentario, aseveró Britos, se establece para el caso del rotulado de bebidas como una bebida “Baja en sodio” aquella que aporta un máximo de 120 mg de sodio cada 100 ml, lo cual indica una cantidad 10 veces mayor el valor máximo presente en las aguas disponibles en el mercado que es de 12,8 mg cada 100 ml.

Britos agregó que “disminuir el consumo de bebidas azucaradas o reemplazarlas por bebidas no calóricas mejoraría el perfil poco saludable de la dieta”.

La hipertensión arterial y el sodio

La hipertensión arterial es sin duda una de los factores de riesgo más prevalentes. Un tercio de la población argentina mayor de 18 años la presenta. La presión arterial elevada explica el 62% de la enfermedad cerebrovascular y el 49% de la enfermedad coronaria.

El Dr. Iglesias explicó que existe una estrecha relación entre la ingesta de sal en la dieta y la presión arterial: “con un alto consumo de sal, se detecta un claro incremento de la presión arterial con las consiguientes complicaciones que esto acarrea”. Sumado a ello, según la Segunda Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, uno de cada 4 argentinos agrega sal a las comidas.

La campaña “Menos sal, más vida”, promovida por el Ministerio de Salud de la Nación, describe que más del 60% de la sal que consumimos proviene de alimentos procesados. La iniciativa prioriza cuatro grupos de alimentos para la reducción de sodio (productos cárnicos y derivados, farináceos -cereales, legumbres, tubérculos y frutos secos-, quesos, sopas, aderezos y conservas), sin incluir a aguas y bebidas sin alcohol, por no presentar éstas un riesgo.

La sal es la única roca mineral comestible por el ser humano y es posiblemente el condimento más antiguo empleado por el hombre. Su importancia para la vida es tal que ha marcado el desarrollo de la historia en diversas fases, moviendo las economías, siendo objeto de impuestos y hasta el origen de algunas guerras. Según remarcó el doctor Iglesias, el valor que tuvo en la antigüedad ha dejado de ser tal “debido a la conciencia que ha generado su relación con la hipertensión arterial y la descompensación en cuadros clínicos de insuficiencia cardíaca, renal o hepática”.

Sodio en los alimentos

Hay alimentos provenientes de la naturaleza, tales como acelga, leche y quesos, cuyo aporte de sodio no se discute a pesar de ser muy superior al del agua, lo que una vez más demuestra que no es lógica la discusión al respecto. El agua, que es el principal nutriente para el cuerpo, aporta inclusive menos sodio (ver tablas comparativas).