Ejercicio y cerebro: una proteína clave podría frenar el deterioro cognitivo

Ejercicio y cerebro: una proteína clave podría frenar el deterioro cognitivo

Un estudio en animales sugiere que la actividad física fortalece una barrera protectora del cerebro y mejora la memoria.

El ejercicio físico podría tener un impacto más profundo en la salud cerebral de lo que se pensaba. Un nuevo estudio aporta evidencia de que la actividad física no solo mejora la memoria, sino que también ayuda a proteger el cerebro frente al envejecimiento y enfermedades como la demencia.

La investigación, publicada en la revista Cell, se centró en la barrera hematoencefálica, una estructura que actúa como filtro y protege al cerebro de toxinas y agentes dañinos. Con el paso del tiempo, esta barrera se vuelve más permeable, lo que favorece procesos inflamatorios y aumenta el riesgo de deterioro cognitivo.

En experimentos con ratones, los científicos observaron que el ejercicio estimula la liberación de una proteína producida en el hígado llamada GPLD1. Esta sustancia viaja por el torrente sanguíneo y contribuye a reforzar la barrera protectora del cerebro.

Uno de los hallazgos más llamativos es que la proteína no actúa directamente dentro del cerebro. En cambio, su efecto se produce desde el exterior, ayudando a reducir los niveles de otra proteína perjudicial —TNAP— que debilita la barrera. Al disminuir esta sustancia, el tejido cerebral queda mejor protegido.

Los resultados también mostraron que ratones mayores con niveles elevados de GPLD1 —incluso sin hacer ejercicio— mejoraron su rendimiento en pruebas de memoria y aprendizaje. Esto refuerza la hipótesis de que esta proteína desempeña un papel central en los beneficios cognitivos asociados a la actividad física.

Sin embargo, los especialistas advierten que estos resultados aún deben interpretarse con cautela. Los estudios en animales no siempre se replican de la misma manera en humanos, y los mecanismos biológicos pueden ser más complejos.

Aun así, el trabajo abre la puerta al desarrollo de futuros tratamientos que imiten algunos de los efectos del ejercicio, especialmente en personas que no pueden realizar actividad física de forma regular.

Pese a estos avances, los investigadores coinciden en un punto: ninguna intervención puede reemplazar completamente los beneficios del ejercicio.

Además de sus efectos sobre el cerebro, la actividad física sigue siendo una de las herramientas más efectivas para mejorar la salud general, reducir el riesgo de enfermedades crónicas y promover el bienestar a largo plazo.

Redacción Latam

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