Una estimulación cerebral sin cirugía mostró mejoras en pacientes con Parkinson
Un ensayo experimental logró reducir temblores y problemas de movimiento mediante corrientes eléctricas aplicadas desde fuera del cráneo, evitando implantes cerebrales.
Una nueva técnica de estimulación cerebral no invasiva podría abrir una alternativa menos agresiva para tratar la enfermedad de Parkinson. Se trata de un método experimental que logró mejorar síntomas motores en la mayoría de los pacientes participantes sin necesidad de cirugía ni implantes en el cerebro.
El estudio, publicado en la revista eBioMedicine, evaluó una tecnología denominada estimulación por interferencia temporal transcraneal (TI), un sistema que utiliza corrientes eléctricas superpuestas para alcanzar regiones profundas del cerebro desde el exterior del cráneo.
Actualmente, uno de los tratamientos más efectivos para el Parkinson avanzado es la estimulación cerebral profunda, que requiere implantar electrodos mediante cirugía para enviar impulsos eléctricos a zonas específicas del cerebro vinculadas al control del movimiento.
La nueva técnica busca generar un efecto similar, pero sin intervención quirúrgica.
Para probarla, los investigadores aplicaron una única sesión de 20 minutos a 30 personas con Parkinson en etapas tempranas e intermedias. La estimulación estuvo dirigida a la región subtalámica, una estructura cerebral clave en la regulación motora.
Los resultados mostraron que cerca del 70% de los participantes experimentó mejoras clínicamente significativas en síntomas como temblores y lentitud de movimiento. En comparación, solo el 15% reportó mejoras durante las sesiones simuladas utilizadas como control.
“El TI representa un enfoque completamente diferente para la neuromodulación no invasiva, capaz de alcanzar regiones profundas del cerebro sin cirugía”, explicó el doctor Álvaro Pascual-Leone, uno de los responsables del trabajo y director médico del Centro Deanna y Sidney Wolk para la Salud de la Memoria en Boston.
Los investigadores señalaron que los síntomas relacionados con temblores respondieron mejor al tratamiento, mientras que las mejoras en rigidez y equilibrio fueron más variables.
Además, no se registraron efectos adversos graves. Los pacientes únicamente describieron sensaciones leves, como hormigueo o calor, tanto en las sesiones reales como en las simuladas.
La enfermedad de Parkinson es un trastorno neurodegenerativo progresivo que afecta el movimiento y puede provocar temblores, rigidez muscular, lentitud motora y problemas de equilibrio y coordinación.
Aunque los resultados son preliminares, el estudio genera expectativas por la posibilidad de contar en el futuro con una alternativa menos invasiva para personas que todavía no son candidatas a cirugía o que no pueden someterse a un procedimiento de este tipo.
“Uno de los aspectos más prometedores es la posibilidad de personalizar la estimulación según la anatomía cerebral de cada paciente”, sostuvo Brad Manor, investigador del Instituto Marcus para la Investigación del Envejecimiento.
Los próximos pasos incluirán estudios más amplios y sesiones repetidas para determinar cuánto duran los beneficios, cómo deben espaciarse los tratamientos y qué perfiles de pacientes responden mejor a esta tecnología.
