Un tratamiento cardíaco temprano podría reducir el riesgo de sufrir un segundo ACV
Una investigación realizada en Japón con más de 14 mil pacientes encontró que intervenir sobre las alteraciones del ritmo del corazón durante las primeras ocho semanas posteriores a un accidente cerebrovascular se asoció con menos recurrencias y una menor mortalidad.
Las personas que sufrieron un accidente cerebrovascular (ACV) y presentan fibrilación auricular podrían beneficiarse de un tratamiento temprano destinado a recuperar o mantener el ritmo normal del corazón. Un nuevo estudio encontró que esta estrategia se relaciona con una menor probabilidad de experimentar otro episodio cerebrovascular.
La investigación, publicada en la revista científica Neurology, analizó información de más de 14 mil pacientes en Japón y evaluó los resultados de iniciar tratamientos específicos durante las primeras ocho semanas posteriores a la internación.
Los investigadores observaron que quienes recibieron estas intervenciones presentaron un menor riesgo de sufrir un nuevo ACV o una embolia sistémica, una complicación que ocurre cuando un coágulo bloquea la circulación sanguínea en otra parte del organismo.
Qué relación existe entre el corazón y el cerebro
La fibrilación auricular es una alteración del ritmo cardíaco que provoca que las cavidades superiores del corazón, llamadas aurículas, latan de manera irregular.
Esta condición puede favorecer la formación de coágulos sanguíneos que, al desplazarse por la circulación, pueden llegar al cerebro y bloquear una arteria.
Cuando esto sucede, se produce un ACV isquémico, una emergencia médica que puede provocar lesiones neurológicas permanentes e incluso la muerte.
Por ese motivo, las personas con fibrilación auricular que sufrieron un episodio cerebrovascular suelen recibir medicamentos anticoagulantes para disminuir la posibilidad de que se formen nuevos coágulos.
Sin embargo, los especialistas continúan investigando qué otras estrategias podrían contribuir a reducir el riesgo de recurrencia.
Una de ellas consiste en intervenir sobre el ritmo cardíaco mediante medicamentos antiarrítmicos, procedimientos de ablación con catéter o cardioversión eléctrica.
Un estudio con más de 14 mil pacientes
Para evaluar los posibles beneficios de esta estrategia, investigadores de la Universidad de Kyoto analizaron los registros de 14.355 pacientes con fibrilación auricular que habían sufrido un ACV isquémico agudo.
Todos habían sobrevivido sin presentar los eventos estudiados durante las primeras ocho semanas posteriores a su ingreso hospitalario.
Los científicos compararon a quienes comenzaron un tratamiento de control del ritmo cardíaco dentro de ese período con aquellos que continuaron recibiendo la atención habitual.
Solo el 1,9% de los participantes inició alguna de estas intervenciones durante las primeras ocho semanas.
El seguimiento acumuló 23.583 años-persona de observación, una medida que combina la cantidad de participantes con el tiempo durante el cual fueron estudiados.
Los resultados mostraron diferencias importantes entre ambos grupos.
Menos recurrencias y menor mortalidad
Según la investigación, el tratamiento temprano del ritmo cardíaco se asoció con una reducción relativa del 44% en el riesgo de sufrir un nuevo ACV o una embolia sistémica.
Al analizar la incidencia acumulada estimada a cinco años, los investigadores encontraron que estos eventos afectaron al 8% de los pacientes que habían recibido la intervención temprana, frente al 13,8% de quienes continuaron con la atención habitual.
Esto representa una diferencia de 5,8 puntos porcentuales entre ambos grupos.
Además, el tratamiento temprano se relacionó con una reducción relativa del 28% en el riesgo de muerte por cualquier causa.
Los investigadores también evaluaron posibles complicaciones y no encontraron una asociación significativa entre esta estrategia y un mayor riesgo de hemorragias graves u hospitalizaciones por insuficiencia cardíaca.
Los resultados se mantuvieron consistentes cuando los científicos analizaron diferentes períodos para definir el inicio temprano del tratamiento, desde cuatro hasta 24 semanas posteriores al ACV.
Una estrategia complementaria a los anticoagulantes
Los autores consideran que los resultados podrían aportar información relevante para mejorar la prevención de nuevos episodios cerebrovasculares en personas con fibrilación auricular.
“A las personas que han tenido un accidente cerebrovascular isquémico se les recetan anticoagulantes para prevenir un segundo accidente cerebrovascular”, explicó Yuichi Imanaka, investigador de la Universidad de Kyoto y coautor del estudio.
Según el especialista, los hallazgos sugieren que el control temprano del ritmo cardíaco podría convertirse en una estrategia preventiva adicional.
La intervención no reemplazaría necesariamente el tratamiento anticoagulante, sino que podría complementarlo en pacientes seleccionados.
Los especialistas también destacaron que el período de ocho semanas posteriores al episodio inicial podría representar una oportunidad para evaluar estas alternativas terapéuticas.
Qué limitaciones tiene la investigación
Aunque los resultados son alentadores, el estudio fue observacional y no permite demostrar que el tratamiento temprano haya sido la causa directa de la reducción del riesgo.
Además, una proporción muy pequeña de los pacientes recibió estas intervenciones, por lo que podrían existir diferencias clínicas entre quienes fueron tratados y aquellos que continuaron con la atención habitual.
Los investigadores utilizaron métodos estadísticos para ajustar esas diferencias, pero no es posible descartar completamente la influencia de otros factores.
Por ese motivo, serán necesarios nuevos estudios para confirmar los beneficios y determinar qué pacientes podrían obtener mejores resultados.
La investigación también informó que dos de sus autores mantenían vínculos con la industria biofarmacéutica.
En cualquier caso, los hallazgos refuerzan la importancia del seguimiento cardiológico después de un ACV, especialmente cuando existe fibrilación auricular.
La elección del tratamiento y el momento adecuado para iniciarlo deben establecerse de manera individual, considerando la evolución neurológica, el riesgo de complicaciones y las características clínicas de cada paciente.
