Por: Félix Zelaya
Subjefe  de la Unidad de Cuidados Cardiacos Intensivos
Instituto Modelo de Cardiología,  Córdoba (Argentina)

La insuficiencia cardiaca (IC) es un síndrome causado por una incapacidad del corazón para cumplir su función. Se caracteriza síntomas como sensación de falta de aire (disnea, de distinto grado), fatiga, tos, dispepsia y constipación.

Se puede decir que es una enfermedad severa, cada vez más frecuente en todo el mundo y con un pronóstico que depende -en gran medida- del momento en que se detecte.

El aumento en su prevalencia responde a varias causas: envejecimiento de la población, avances en el tratamiento de la cardiopatía isquémica y el consecuente aumento de la supervivencia de enfermos con un corazón patológico, aumento de obesidad y diabetes y la no optimización del tratamiento.

La prevención juega un papel fundamental para retrasar o evitar la aparición de esta enfermedad y está directamente relacionada con el control y  manejo de las enfermedades y los factores de riesgo que la desencadenan (sobre todo,  la hipertensión y la cardiopatía isquémica).

Algunas cifras. La IC causa, o complica, aproximadamente al 20% de las hospitalizaciones en personas mayores de 60 años en el mundo occidental.

En Argentina, la enfermedad constituye la primera causa de internación en mayores de 65 años y la primera causa de muerte.

El número de hospitalizaciones se ha incrementado significativamente. Entre un 6 y un 10% de los pacientes mayores de 65 años tiene insuficiencia cardiaca. La edad promedio de hospitalización son los 72 años.

La incidencia anual se calcula en 300 de cada 100 mil pacientes y se calculan unas 70 mil internaciones anuales por IC agudamente descompensada.

La enfermedad representa entre el 20 y el 30 % de las internaciones cardiovasculares. El 38% de ellas tiene como factor descompensante el incumplimiento del régimen dietético y el tratamiento farmacológico.

Factores de riesgo. El principal factor de riesgo para la insuficiencia cardiaca es la hipertensión, al punto tal que más de la mitad de los pacientes hipertensos presentan riesgo de desarrollarla.

Por eso, es muy importante llevar un seguimiento adecuado de los valores de presión arterial y, en el caso de padecer hipertensión, tomar las medidas adecuadas para mantener esos valores  por debajo de las cifras indicadas por el médico.

Es necesario introducir cambios en el estilo de vida: una correcta alimentación, moderado consumo de sal, ejercicio físico habitual y cumplimiento de la medicación, en caso de que ser medicado.

Como causa directa, la cardiopatía isquémica (enfermedad del músculo cardiaco secundaria a la enfermedad coronaria ateroesclerótica) es responsable en el 40 a 60 % de todos los casos.

De allí la importancia del control y tratamiento de los factores de riesgo de la enfermedad vascular ateroesclerótica: hipertensión arterial, tabaquismo, sedentarismo, obesidad, diabetes, hipercolesterolemia y stress.

Diagnóstico. A partir de los años 90 se fueron sucediendo significativos avances en el diagnostico y tratamiento de la insuficiencia cardiaca, que dieron como resultado una mejora significativa en los síntomas y la consiguiente calidad de vida, como así también,  en la reducción de la mortalidad.

Tratamiento farmacológico escalonado. El tratamiento de la IC no es fácil de llevar de forma adecuada en la práctica, de ahí que -incluso- se plantean unidades especializadas de IC.

Se requiere una poli farmacoterapia con  un control muy estrecho. Es importante destacar que el tratamiento adecuado se asocia a un mejor pronóstico (menor mortalidad, menos ingresos).