Hasta hace poco, la natación era una actividad deportiva restringida a deportistas profesionales. Pero cada vez suma más adeptos no sólo entre chicos y jóvenes, sino también entre adultos y mayores.

Incluso en invierno, la natación es una buena opción, ya que se puede practicar en establecimientos cerrados. El único recaudo que hay que tener es salir a la calle bien abrigado y con el pelo seco.

Moverse en el agua. La gimnasia acuática –disciplina también conocida como aqua gym– está en auge a nivel mundial.

Según los especialistas, la actividad contribuye a mejorar la calidad de vida, pero también a la relajación y el acondicionamiento físico aeróbico y muscular.

“Trabajar y moverse en el agua tiene múltiples beneficios. En los adultos, disminuye el peso del cuerpo, facilita los movimientos y no genera presión en las articulaciones. Esto hace que la gimnasia acuática y la natación sean también muy buenas para la gente con sobrepeso”, explica la profesora Jaqui Esquitino.  

“Por otro lado, la presión del agua en las piernas mejora el retorno endovenoso. Esto quiere decir que se genera una mejor circulación. Por último, comparando la realización de ejercicio en tierra y en agua, el segundo trabaja siempre con una menor frecuencia cardíaca, algo que también es muy bueno para la gente mayor, que es la que se vuelca cada vez más a las actividades acuáticas”, agrega.

Entre otros beneficios, la actividad física en el agua ayuda a mejorar la postura, corregir lesiones traumatológicas o complicaciones generadas como consecuencia de malos hábitos,  mejorar el tono muscular e, inclusive, lograr un estado de relajación que por lo general se mantiene después del ejercicio.

Sin lesiones. El medio acuoso no genera ningún tipo de lesión traumática, debido a que no sólo no hay roce o contacto con otra persona, sino que además las superficies no generan impacto debajo del agua.

Para practicar ejercicios en el agua no es necesario saber nadar. Las piletas no se llenan por completo y no se requiere una inmersión absoluta. Sin embargo, en todos los casos, la actividad debe estar supervisada por un profesional del deporte a quien se le debe notificar anticipadamente si la persona no sabe nadar.

Deporte terapéutico. En el agua las personas se distienden, pero además logran elongar más fácilmente que al estar apoyados en el piso o en cualquier otra superficie.

Juan Pablo Guyot, médico traumatólogo, recomienda la natación en  personas que sufren dolores crónicos de espalda o que tienen problemas de postura, ya que –según el especialista- este deporte combina los beneficios del estiramiento con la importancia de utilizar los músculos y la fuerza para movilizar al propio cuerpo.

Mientras hace algunos años las actividades de peso o de impacto -como los aparatos o la cinta- tenían el terreno absolutamente dominado, hoy los ejercicios más relajados y en los cuales se utiliza la propia fuerza siguen ganando terreno.

Otras disciplinas en crecimiento son pilates, yoga o cualquier arte marcial, más aún si se logran combinar.

Fuente: Agencia Castropol