Nuevas investigaciones en Estados Unidos aseguran que el mentol –un componente que muchas compañías tabacaleras agregan a sus cigarrillos– no sólo modifica el sabor del tabaco: también lo hace más adictivo, disimula las señales de irritación para permitir mayor consumo y hasta afectaría el procesamiento de la nicotina en el cerebro.

“Los cigarrillos mentolados plantean preguntas críticas de salud pública”. Con esa afirmación anunció Margaret Hamburg, comisionada de la Administración de Alimentos y Medicamentos estadounidense (FDA, según sus siglas en inglés), los resultados de una revisión realizada por esa administración sobre la información científica disponible respecto del efecto de la adición de mentol a los cigarrillos en su capacidad de generar adicción entre los fumadores.

Según la citada investigación, “el uso del mentol probablemente se asocie con una mayor iniciación al tabaquismo entre jóvenes y jóvenes adultos”.

El mismo trabajo, cuyas conclusiones han sido publicadas en la revista especializada Frontiers in Pharmacology, advierte que “el mentol en los cigarrillos probablemente esté asociado con una mayor adicción, dado que los fumadores de mentolados muestran mayores señales de dependencia de la nicotina y tienen menos probabilidades de abandonar el hábito con éxito”.

El efecto del mentol en los consumidores jóvenes es especialmente preocupante para las autoridades sanitarias, dado que se trata de una población en la que hace especialmente efecto la publicidad de los productos del tabaco.

Por el mismo motivo, son el centro de muchas de las políticas públicas que buscan reducir el tabaquismo en todas partes del mundo donde se está haciendo algo al respecto: “Si bien hubo una reducción en el consumo de tabaco en los adolescentes, todavía debemos estar en alerta ya que la cantidad de mujeres que fuma sigue siendo muy alta, y superior a la de los hombres”, explicó en la Argentina Marina Kosacoff, la subsecretaria de Prevención y Control de Riesgos del Ministerio de Salud de la Nación, que recientemente dio a conocer que, en los últimos 5 años, más de 30.000 adolescentes dejaron de fumar en su país.

Una alianza temible

Pero, volviendo al mentol, ¿cómo se explica este mayor efecto adictivo en los cigarrillos que han sido saborizados con este derivado de la menta? Según la American Legacy Foundation, una organización no gubernamental norteamericana antitabáquica, el mentol permite “disimular el sabor del tabaco y reducir la irritación en la garganta asociada con fumar, sobre todo entre los usuarios primerizos”. De ahí que esas propiedades refrescantes y anestésicas del mentol permitan que el sabor del humo de cigarrillo sea menos áspero, en especial entre los que se inician en su consumo.

De ahí que el informe de la FDA plantee que “es probable que los cigarrillos mentolados representen un riesgo de salud pública superior al observado con los cigarrillos no mentolados”. Actualmente, esa administración se encuentra analizando toda la información reunida en su revisión y es probable que en los próximos meses “determine si alguna acción regulatoria respecto al mentol en los cigarrillos resulta adecuada”.

Desde que el tabaco cayó bajo la mirada de médicos y científicos, el mentol ha sido considerado un ingrediente controversial. Brad Rodu, profesor de medicina y catedrático de la Universidad de Louisville, Estados Unidos, publicó recientemente una investigación que muestra que el mentol afecta a la forma en que las células del cerebro procesan la nicotina: “Se trata de un descubrimiento científico muy importante, porque si el mentol altera las acciones de la nicotina en su receptor en el cerebro, entonces es muy probable que contribuya a la adicción a la nicotina”, comentó el investigador.

Para su colega, Nadine Kabbani, neurocientífica y profesora asistente de la Universidad George Mason en Falls Church, Estados Unidos, los estudios recientes sugieren que “es importante que los organismos reguladores consideren las implicaciones del mentol en la salud pública”.

Aún sin regulaciones especiales

Desde 2009, la FDA es la autoridad que regula a la industria tabacalera, en virtud de la Ley de Control del Tabaco y Prevención Familiar del Tabaco, promulgada entonces por el Congreso de los Estados Unidos. Entre sus potestades se cuenta el aprobar o no todo nuevo producto que contenga tabaco y que la industria quiera sacar al mercado. Por primera vez desde entonces, a finales de julio último, la FDA se expidió por primera vez en relación con el pedido de aprobación de seis nuevas marcas de cigarrillos, de las cuales dos fueron aprobadas y las restantes cuatro rechazadas.

En los Estados Unidos, la FDA –cuyas recomendaciones son tenidas muy en cuenta por las autoridades sanitarias de otros países incluido el nuestro– sólo aprueba un nuevo producto que contenga tabaco si los estudios demuestran que no provocan mayor perjuicio a la salud que el ya de por sí demostrado daño que ocasionan productos del tabaco previamente disponibles en el mercado de ese país. “Cualquier producto que presente diferentes cuestiones de salud pública se define con no sustancialmente equivalente (NSE en inglés) y no se permitirá su comercialización”, explicó la FDA a través de un comunicado de prensa.