· En los últimos años, se alcanzaron avances revolucionarios en el abordaje de esta enfermedad, que es una de las leucemias más frecuentes en adultos, dado que representa el 30% de los casos.

· Se desarrollaron más y mejores tratamientos que incrementaron significativamente la sobrevida[1], con mucho menos toxicidad que las drogas anteriores y, en algún caso, arrojando evidencia de la posibilidad de cesar el tratamiento en quienes alcanzan respuestas profundas, abriendo una puerta hacia el control de esta leucemia, para la que hasta hace poco la ciencia no tenía muchas respuestas.

La leucemia linfocítica crónica (LLC) es una enfermedad de lenta evolución que afecta dos veces más a los varones que a las mujeres y representa el 30% de todos los tipos de leucemia, lo que la convierte en una de las más frecuentes en adultos1. Los expertos remarcan que están dándose pasos concretos orientados hacia lograr su control y este tema fue abordado en el 3er Congreso Iberoamericano de Leucemia Linfocítica Crónica (IBAM CLL 2018), que se llevó adelante en Buenos Aires el 30 y el 31 de agosto.

“Ésta es una de las enfermedades oncohematológicas sobre las que más se ha avanzado en los últimos años. Por eso, cobra relevancia un evento científico de estas características, que reúne a más de 400 especialistas de toda la región para generar un espacio que promueva el intercambio de información y fomente la colaboración entre líderes internacionales, clínicos y científicos, interesados en LLC y trastornos linfoproliferativos”, manifestó el Dr. Raimundo Bezares, jefe de hematología del Hospital General de Agudos de la Ciudad de Buenos Aires ‘Dr. Teodoro Álvarez’ y presidente del Congreso IBAM 2018.

“La leucemia linfocítica crónica es una condición muy heterogénea en su forma de presentación. Algunos pacientes conviven con ella durante muchos años como enfermedad crónica y sin tratamiento alguno, mientras que otros, si no reciben un tratamiento adecuado, pueden tener una sobrevida más corta, de 2 a 3 años”, explicó el Dr Raúl Gabús, médico internista y hematólogo, co-presidente del IBAM CLL 2018 y director de Servicio de Hematología y Trasplante de Progenitores Hematopoyéticos del Hospital Maciel/ASSE de Montevideo.

Hasta hace una década, no contábamos con ningún tratamiento específico para este tipo de leucemia, sino que los profesionales de la salud debían recurrir a la quimioterapia, con todo lo que eso representa para la calidad de vida de los pacientes, y -según el caso- a veces con resultados discretos.

“En los últimos años, se avanzó a pasos agigantados en el manejo de la leucemia linfocítica crónica, a partir de que la ciencia logró identificar qué genes están alterados en los pacientes con esta leucemia. Entonces, comenzaron a desarrollarse diferentes terapias dirigidas, que son medicamentos más modernos y específicos que obtienen mejores resultados y con menos toxicidad que los tratamientos anteriores”, sostuvo por su parte el Dr. Carlos Chiattone, co-presidente del 3er IBAM CLL 2018 y Director Clínico del Hemocentro de la Hermandad de la Santa Casa de la Misericordia de San Pablo, Brasil.

“En oncología, en oncohematología y en muchas otras enfermedades crónicas, no se suele usar el término ‘cura’, pero estamos comenzando a ver -en determinados pacientes- que existe la posibilidad de dejar de administrarles medicación tras un par de años, en aquellos casos en que obtienen lo que se conoce como ‘respuesta profunda’, que se mide en términos de enfermedad mínima residual indetectable. Esto puede representar un paso adelante hacia el control de esta condición”, sugirió el Dr. Bezares. “Además, permitiría evitar la quimioterapia, con todo el impacto que esto tendría en la vida de los pacientes”.

Los hallazgos recientes plantean un cambio de paradigma en el abordaje de este tipo de leucemia. “Es una muy buena noticia para los pacientes con LLC. Contar cada vez con mejores herramientas para combatir esta enfermedad es fundamental para que puedan vivir más y mejor”, agregó el Dr. Bezares.

Existen distintas alternativas de tratamiento y éste dependerá de diversos factores como la edad (esta enfermedad aparece -en promedio- a los 71 años), el estadio de la enfermedad, el pronóstico del paciente y el objetivo de la terapia[2]. Hay personas que solo deben realizarse controles y otras que requieren tratamientos, entre los que se encuentran la quimioterapia, radioterapia, trasplante de médula ósea y las terapias dirigidas[3].

Se ha avanzado mucho en este campo, con terapias que permiten mejorar la sobrevida y la calidad de vida de estos pacientes. Saber que ahora se puede disponer de medicamentos que abren una puerta hacia la oportunidad de controlar la enfermedad llena de entusiasmo a los profesionales de la salud y, fundamentalmente, a los pacientes, quienes constantemente están leyendo e informándose sobre cada nuevo avance en la materia.

De todos modos, el Dr. Chiattone remarcó que “es importante que los investigadores sigan avanzando y desarrollando opciones terapéuticas para que la Medicina pueda ir dando mejores respuestas a las situaciones complejas que presentan los pacientes con enfermedades de este tipo”.

¿Qué son las leucemias?

Las células sanguíneas son producidas por la médula ósea. A medida que se dividen y maduran, van transformándose en células sanguíneas de diferentes tipos[4],[5]. Cuando una de las células que va a formar glóbulos blancos cambia y se convierte en una célula de leucemia, ya no madura normalmente. Generalmente, se divide más rápido de lo normal.

Las células leucémicas no mueren cuando deberían hacerlo, sino que se acumulan en la médula ósea reemplazando a las normales. En algún momento, éstas salen de la médula y entran al torrente sanguíneo, incrementando el número de glóbulos blancos en la sangre.

Si bien los síntomas de las leucemias suelen ser algo inespecíficos, entre los más comunes se encuentran fiebre, sudoración nocturna, inflamación de los ganglios del cuello, axilas o ingle, fatiga persistente, picazón o sarpullido, infecciones frecuentes, dolor en las articulaciones, pérdida de peso y falta de apetito. Si se sufren algunas de estas manifestaciones, es pertinente realizar una consulta con el especialista.

Existen dos tipos principales de leucemia: agudas y crónicas. Éstas, a su vez, se subdividen en mieloides o linfoides. Las agudas, como la leucemia linfoblástica aguda (LLA) o la leucemia mieloide aguda (LMA), se caracterizan por una progresión rápida y descontrolada, afectando principalmente a las células primitivas o inmaduras, con acumulación de éstas en la médula ósea y sangre periférica. Estas células inmaduras no pueden llevar a cabo sus funciones normales. Las leucemias agudas requieren un tratamiento de inmediato.

En las leucemias crónicas, como la leucemia mieloide crónica (LMC) y leucemia linfocítica crónica (LLC), el crecimiento de las células es progresivo y más lento, permitiendo la proliferación de mayores cantidades de células más desarrolladas. En general, estas células más maduras pueden desempeñar algunas de sus funciones normales.

David Menaged, paciente con leucemia linfocítica crónica

En 2001, a los 47 años, David realizó un viaje por trabajo y se percató de que tenía un ganglio inflamado debajo de la oreja. Su médico de cabecera le recomendó que fuera a un hematólogo, ya que consideró que podía ser algo relacionado a la talasemia que él ya tenía. Se realizó diversos estudios y le confirmaron que tenía leucemia linfocítica crónica.

“El médico me dijo que había dos noticias: una buena y una mala. La mala era que no había cura, pero la buena era que la enfermedad podía mantenerse crónica durante toda la vida”, sostuvo David.

En un comienzo, se asustó y comenzó con las típicas dudas: “¿por qué a mí? “¿Qué hago ahora?”, entre otras. Alguien que padecía lo mismo le recomendó una frase que él reconoce que suena trillada, pero que no por eso es menos real: ‘aprender a vivir con la enfermedad’. Eso, sumado a terapia y otros espacios como el apoyo familiar, le ayudaron a afrontar la situación.

“Durante 4 ó 5 años, continué en espera en observación, sin la realización de ningún tratamiento. Durante ese tiempo, se me inflamaron más los ganglios y padecí anginas y gripes. A principio de 2005, ya quería comenzar con algún tratamiento”, sostuvo David.

Luego de 6 meses de quimioterapia, los estudios arrojaron resultados positivos. Así, estuvo durante 7 años, sin ningún inconveniente, hasta que otra vez empezó a tener inflamación en los ganglios y los niveles de hemoglobina le dieron muy bajos, por lo que empezó con otro tratamiento, que le hizo efecto durante casi dos años, hasta que finalmente volvió a recaer.

“En octubre de 2017, el Dr. Bezares me comentó de un nuevo medicamento para el que debía testearme para comprobar si era candidato a recibirlo. Afortunadamente, lo era, y comencé con el tratamiento que, hasta el día de hoy, continúo recibiendo sin ningún inconveniente.

David contó que durante el primer tratamiento, sus hijos solían ir más a la fábrica de ropa que tienen, y él -por indicación médica- se quedaba en su casa. Allí, hubo clientes que preguntaban por él y resultó que algunos de ellos también tenían esta enfermedad, por lo que comenzaron a contactarse. Lamentablemente, uno de ellos falleció por tener las defensas bajas. Eso le hizo entender lo afortunado que era.

“Algo positivo de mi enfermedad es que, más allá de las gripes o anginas esporádicas, nunca resigné calidad de vida. Me gusta mucho jugar al tenis y nunca tuve que interrumpir ese hobby”, valoró.

“Por último, me parece fundamental destacar la labor de los médicos, que son de primer nivel: los Dres. Héctor Hendler, Jorge Pantano y Raimundo Bezares, que siempre contaron con la información más actualizada y tomaron las decisiones correctas para el control de mi condición. Un ejemplo que ilustra esto es que, como por trabajo yo viajo seguido, le pedí al Dr. Hendler que me recomendara un médico en Barcelona, para visitar cuando estuviera allá. El Dr. Jordi Estévez, con quien me atendí en España, reconfirmó cada sugerencia y decisión de los doctores que me trataban aquí, lo que refleja que estaban en lo correcto”, concluyó.